"Soberbia, envidia y avaricia son las tres centellas que hacen arder el corazón del hombre"
Dante, Infierno
"A mí no me importa lo que piensen los demás". Probablemente sea una de las frases que compartimos toda la humanidad. ¿Reálmente es así?
Soberbia, envidia y avaricia. Yo las resumo en una única palabra: Ego. Nuestra necesidad de sentirnos únicos ante el mundo. Nuestra necesidad de gustar, de demostrar que estamos por encima de los demás, de saborear el poder, de poder manejar la vida de los demás, el sentir que alguien nos necesita...
Y todo ello resumido en una única cosa: Materialidad. Y probablemente: Tamaño.
Casas más grandes, coches más grandes, ventas más grandes, volumen de negocio más grande, tetas más grandes, músculos más grandes, zapatillas más caras, ropa más cara, relojes más caros, joyas más caras, bodas más deslumbrantes, sueldos más boyantes, etc.
El Ego, causa de la Materialidad y el Tamaño, es compartido por todas las personas independientemente de raza, sexo, religión, cultura o posición social. Y es el Ego el que nos ha traido hasta donde estamos ahora.
El Ego causa que muchas de las personas que están en paro o sin trabajo, no puedan pagar el peaje de su Ego en épocas de bonanza virtuales, pues pudiendo elegir entre una situación económica estable y preparada para futuros imprevistos, decidieron apostar y dejarse llevar por esta corriente maléfica. Ahora no tienen con qué pagar.
El Ego causa que muchas de las empresas de hoy en día se hayan arruinado buscando ganar fortunas y buscando ser referentes mundiales a cambio de posiciones financieras de infarto. Pero las empresas, a las que muchos acusamos de no hacer nada por la sociedad, necesitan seguir buscando ese crecimiento y esos niveles de volúmenes de negocio para que todo el mundo considere que aquella empresa es mejor o mayor dependiendo del tamaño que posea y de la riqueza que sea capaz de amasar.
El Ego de la plebe ha provocado una situación de 3 millones de parados en este país. Esos 3 millones de parados han causado que los contratos que se ofrecen ahora sean miserables, pero que estamos dispuestos a coger porque la necesidad aprieta. Sin paro no habría malos contratos. Y si el sistema no considerase la rentabilidad o ganancia de una empresa para darle un mayor o menor valor, posiblemente se replantearían una mayor contratación pagando el peaje de unos menores beneficios.
Pero los dueños de las empresas son personas, y su Ego requiere avaricia para lograr ser el más grande, soberbia para despreciar a aquellos que le hacen ser más grande y envidia para a través de los demás alimentar una avaricia que a su vez alimenta la autodestrucción.
Nosotros solos decidimos meternos en una cárcel y tirar la llave al mar.