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jueves, 24 de mayo de 2012

El Olvido de Maslow

Abraham Maslow fue un conocido psicólogo estadounidense cuyo trabajo de mayor relevancia es la archiconocida "Piramide de las Necesidades". Esta teoría psicológica fue propuesta por Maslow en el año 1943 en su obra Una teoría sobre la motivación humana.

Refrescando la memoria de aquellos que no la recuerden, esta jerarquía de las necesidades establece que todo ser humano requiere de la satisfacción de unas necesidades básicas y que en la medida en que éstas son satisfechas se desarrollan necesidades y deseos más elevados.

En una breve descripción de mayor a menor necesidad:
  • Fisiológicas: respiración, alimentación, descanso, sexo, homeostasis.
  • Seguridad: seguridad física, de empleo, de recursos, moral, familiar, de salud, de propiedad privada.
  • Afiliación: amistad, afecto, intimidad sexual.
  • Reconocimiento: autorreconocimiento, confianza, respeto, éxito.
  • Autorrealización: moralidad, creatividad, espontaneidad, falta de prejuicios, aceptación de hechos, resolución de problemas.
El sentido común humano hace pensar que esto se cumple en todos y cada uno de nosotros pero como bien conocemos, el sentido común es el menos común de los sentidos. Sorpresa: esto no sucede.

Si uno se remonta a la época pre-crisis donde todos eramos felices y el miedo y la incertidumbre habían sido erradicados de la faz de esta hermosa tierra que nos alberga, ¿Qué buscaban esas familias que pedían créditos para una segunda vivienda o para un coche que en condiciones normales no podían ser capaces de comprar? ¿No hipotecaban en cierto modo necesidades fisiológicas como la alimentación o de seguridad como el uso adecuado de los recursos en pro de una necesidades de reconocimiento?

¿Dónde se quedo la moral, a la que se hace referencia en las necesidades de seguridad, en las actuaciones de políticos, empresarios o grandes multinacionales en su búsqueda incesante de reconocimiento y autorrealización?

Simplemente, nos olvidamos de ellas. Simplemente, distorsionamos la pirámide de Maslow. Establecimos una nueva figura donde los cimientos son sostenidos por el tejado. Donde las necesidades más básicas de la persona, y por ende de la sociedad, estaban apoyadas sobre la débil necesidad de autorrealización y de la autoestima. Variables etéreas  asimilables a una droga: una vez probada sólo quieres más y más. En la búsqueda de ese más y más esos débiles cimientos que sostienen lo más necesario del ser humano se hacen más frágiles hasta que llegado un punto crítico se fracturan.

¿Consecuencia del ego humano o adquirido en base a una cultura que fomenta el consumismo y la autorrealización como modelo de éxito?

Seguramente la respuesta a la pregunta sea una combinación de ambas. Ahora, perdidos en la mayor crisis económica de la historia, el ser humano disputa un combate en el que no sólo pelea por reconstruir un sistema sino también por reconstruirse a sí mismo. 

Un olvido con consecuencias sombrías. Recurrir a teorías de 1.943 para solucionar problemas de 2.012 sólo te hace reflexionar que el progreso que eramos capaces de sentir se sustentaba  sobre la destrucción de aquello que más preciamos: la capacidad para sentirnos dueños de nosotros mismos.

miércoles, 29 de junio de 2011

La Cárcel del Ego

"Soberbia, envidia y avaricia son las tres centellas que hacen arder el corazón del hombre"
Dante, Infierno

"A mí no me importa lo que piensen los demás". Probablemente sea una de las frases que compartimos toda la humanidad. ¿Reálmente es así?

Soberbia, envidia y avaricia. Yo las resumo en una única palabra: Ego. Nuestra necesidad de sentirnos únicos ante el mundo. Nuestra necesidad de gustar, de demostrar que estamos por encima de los demás, de saborear el poder, de poder manejar la vida de los demás, el sentir que alguien nos necesita...

Y todo ello resumido en una única cosa: Materialidad. Y probablemente: Tamaño.

Casas  más grandes, coches más grandes, ventas más grandes, volumen de negocio más grande, tetas más grandes, músculos más grandes, zapatillas más caras, ropa más cara, relojes más caros, joyas más caras, bodas más deslumbrantes, sueldos más boyantes, etc.

El Ego, causa de la Materialidad y el Tamaño, es compartido por todas las personas independientemente de raza, sexo, religión, cultura o posición social. Y es el Ego el que nos ha traido hasta donde estamos ahora.

El Ego causa que muchas de las personas que están en paro o sin trabajo, no puedan pagar el peaje de su Ego en épocas de bonanza virtuales, pues pudiendo elegir entre una situación económica estable y preparada para futuros imprevistos, decidieron apostar y dejarse llevar por esta corriente maléfica. Ahora no tienen con qué pagar.
El Ego causa que muchas de las empresas de hoy en día se hayan arruinado buscando ganar fortunas y buscando ser referentes mundiales a cambio de posiciones financieras de infarto. Pero las empresas, a las que muchos acusamos de no hacer nada por la sociedad, necesitan seguir buscando ese crecimiento y esos niveles de volúmenes de negocio para que todo el mundo considere que aquella empresa es mejor o mayor dependiendo del tamaño que posea y de la riqueza que sea capaz de amasar.

El Ego de la plebe ha provocado una situación de 3 millones de parados en este país. Esos 3 millones de parados han causado que los contratos que se ofrecen ahora sean miserables, pero que estamos dispuestos a coger porque la necesidad aprieta. Sin paro no habría malos contratos. Y si el sistema no considerase la rentabilidad o ganancia de una empresa para darle un mayor o menor valor, posiblemente se replantearían una mayor contratación pagando el peaje de unos menores beneficios.

Pero los dueños de las empresas son personas, y su Ego requiere avaricia para lograr ser el más grande, soberbia para despreciar a aquellos que le hacen ser más grande y envidia para a través de los demás alimentar una avaricia que a su vez alimenta la autodestrucción.

Nosotros solos decidimos meternos en una cárcel y tirar la llave al mar.