"¿Cuál es el parásito más resistente? ¿Una bacteria? ¿Un virus? ¿Una tenia intestinal?
Una idea. Resistente. Altamente contagiosa. Una vez que una idea se ha apoderado del cerebro es casi imposible erradicarla."
Origen (Cristopher Nolan)
Los pensamientos y las ideas mueven el mundo. Somos seres que aún nos desconocemos a nosotros mismos. El cerebro es, sin lugar a dudas, el mayor misterio de la humanidad.
¿Cómo somos capaces de sentir algo que aún no hemos padecido? ¿Cómo somos capaces de soñar? ¿Cómo somos capaces de recordar? Es fascinante.
El problema es que, o no se quiere, o nadie ha profundizado lo suficiente como para hacer de él una herramienta implacable de ayuda a la persona. Comparo al cerebro con el sol: uno debe mantenerse lo suficiente lejos de él para no quemarse y lo suficientemente cerca para no morir helado.
Pero volvamos al principio. El cerebro recibe a lo largo del día, la semana, el mes, cantidades ingentes de información. Demasiada para ser asimilada. Demasiada para poder reflexionar. Demasiada para poder determinar qué queremos hacer.
Toda idea o pensamiento tiene un periodo de maduración. No basta con introducirlo y esperar a que crezca. Uno tiene que ser constante con él, no debe distraerse y debe regarlo para mantenerlo con vida. No deja de ser algo etéreo pero que con el esfuerzo determinado puede transformarse en algo tangible.
Ahora bien, ellos lo saben. Saben que todos y cada uno de nosotros somos potenciales de ser aquello que deseamos ser. Únicamente tenemos un error: no lo sabemos. Y peor aún: no debemos saberlo.
¿Cómo evitar que un pensamiento madure y permanezca el tiempo suficiente en nuestro cerebro para germinar? Sencillo: inundando el cerebro de más pensamientos. De ideas, comentarios, críticas, opiniones, noticias, reflexiones, valoraciones... una mezcla perfecta que le mantenga distraído.
LeBron James ganó su primer anillo en 2012. Previo a ello, había perdido dos finales, en 2007 y en 2011. En ambas finales la presión de los medios de comunicación, la afición, el "entorno"... era de un nivel máximo. ¿Sabéis lo que hizo LeBron en 2012? Días antes de la final desconecto su perfil de twitter y durante todos los días que duró la final estuvo alejado de televisión, radio o internet.
Nada le influía. Sólo vivía su realidad. Una realidad obsesionada con un único propósito: ganar el anillo. Y funcionó.
Somos demasiado influenciables. Nuestro estado de ánimo rebota desde la tristeza a la felicidad en segundos con una canción, una sonrisa, una noticia o un mensaje de wassap. Recibimos demasiada información y nuestra buena energía al levantarnos puede desaparecer sólo con levantarse y ver las noticias en twitter, los comentarios del vecino, la tertulia en la radio, la foto en portada del periódico, la cara de tu compañero, el malestar del proveedor... todo ajeno a ti.
La asignatura más importante que uno puede tener y el consejo que más puede valer a una persona es este: Evita las influencias. Vive tu realidad.
Sólo cuando estás dispuesto a morir por algo es cuando realmente tienes la posibilidad de tocarlo. ¿No vale la pena luchar por aquello que se está dispuesto a morir?
lunes, 16 de diciembre de 2013
jueves, 21 de noviembre de 2013
La Burbuja
¿Qué es una burbuja?
Una
burbuja es aquel elemento que sin racionalidad aparente comienza a tomar un
comportamiento ascendente sin que el resto de factores asociados al mismo
tengan el mismo comportamiento.
Un
valiente, uno de los que va a pecho descubierto por la vida y piensa: "no
necesito a nada ni a nadie más". Tienen la vida corta. No asumen que todo se vale de
todo. Porque el mundo, más anciano y sabio, se adapta, y es más fácil que, frente a un cambio, un conjunto se organice
de forma más rápida que un individuo. Una manada de vete tú a saber qué, tiene
más facilidad para adaptarse a cambios en el entorno que un individuo en
solitario. El orgullo, la vanidad, el éxtasis del triunfo pueden negar la
realidad a la burbuja pero la realidad, paciente, esperará para tenerla en su punto
más alto, álgido, donde se sienta intocable, para demostrarle su completa
vulnerabilidad. Frágil. Subida a lo más alto del cielo y sin manos a las que
agarrarse mientras cae.
¿Cuál
es el problema? Que todos aquellos que alentaban y que pensaban en su aura de
invencibilidad se ven afectados y su inversión, vía monetaria o vía de fe,
provoca una recesión de dinero o de sentimientos. Como la pareja a la que
quieres: das tu confianza, la dejas ser el centro de tu vida y, sin darte
cuenta, comienzas a valorarla a la vez que, inconscientemente, dejas de valorar
tu trabajo, tus amigos, tu familia y hasta esas canciones que hacían pasártelo
bien. La burbuja es una droga. Un droga cara que, no curada a tiempo, puede
llegar a consumirte.
Hoy
la economía padece la burbuja inmobiliaria que fue inflada por todos: bancos,
instituciones públicas, sociedad, etc. Pero lo que más me preocupa es la
burbuja humana pues, aún no nos hemos dado cuenta, que todavía ansiamos volver
a esa época donde todo estaba arficialmente a nuestro alcance. Donde lo
importante estaba en la materialidad y no en los sentimientos.
Una
burbuja que aún está viva, latente, que comenzó cuando probamos la miel del
"todo irá bien" y, a pecho descubierto, se lanzó solitaria sin darse
cuenta que los pequeños detalles, a la larga, pueden tumbar cualquier BMV,
chalet o vacaciones en Nueva York.
lunes, 18 de noviembre de 2013
11 Metros
Bum. El estadio entero rugió como no lo había hecho en toda la noche. Un escalofrío recorrió todo su interior hasta parecer que su alma salía de su cuerpo. Su compañero lo había logrado, había detenido el penalti. Dos segundos después un golpe en la espalda y un pequeño apretón sobre su hombro le devolvía a la realidad: le tocaba. No era un turno cualquiera. Era EL TURNO.
Unos 50 metros le separaban de la zona donde en unos dos, quizás tres minutos, su vida cambiaría. Tomo aire, cruzó la mirada con un par de compañeros a los que ni siquiera llegó a escuchar, le valió leer sus labios para saber que le animaban.
Comenzó a andar hacia el punto de penalti y empezó a pensar en su familia. ¿Qué estarían pensando? Sabía que su madre no iba a querer verlo, de hecho era probable que ya no estuviese viendo ni el partido pues no aguantaba los nervios. Su padre estaría observándole, con el miedo de saber que su hijo se enfrentaba a un momento crucial pero con el orgullo de saber que había llegado hasta un punto donde tenía la posibilidad de cambiar el mundo. Su hermana confiaría en él. Se agarraría a su cuñado y pensaría para sí misma: "lo va a meter. Él nunca falla."
Echó un vistazo a la grada y vio a toda una afición gritando su nombre. Dios, podía hacer feliz a mucha gente. Recordó cuando jugaba con sus amigos en las calles de su barrio. Cómo se bajaba el balón para echar unos partidos y cómo corría como un poseso para tocar el larguero y evitar ponerse de portero. Una portería que odiaba y que ahora le esperaba a no más de 40 metros.
Su mente volvió al campo. "No puedo fallar". Se lo repitió varias veces pero recordó que había leído en un libro que todo lo que uno piensa lo atrae. Fallar no era el verbo. "Voy a acertar, lo voy a meter". Durante ese cambio de actitud se cruzó con el rival que venía de enfrentarse al mismo reto. No quería mirarle pero, inevitablemente, cruzó sus ojos y pudo descubrir como el miedo, la responsabilidad, el error o la pena se combinaban en su mirada. No quería tener que pasar por eso.
Se encontraba ya al lado de la portería. Venía lo complicado. ¿Dónde tirar? Él no era un especialista. De hecho no estaba entre los 5 primeros elegidos pero los aciertos y errores de sus compañeros y rivales le habían llevado a esa situación. Normalmente los tiraba a la derecha y abajo. Así lo hizo en el entrenamiento previo al partido y había acertado todos. Sin embargo, había analizado al portero rival y en los dos lanzamientos anteriores se había lanzado a ese sitio. Daba igual, si el lanzamiento era bueno era imposible que lo alcanzara.
Agarró el balón. Miró al portero. El portero lo miró. ¿Sabría lo que estaba pensando? No estaba seguro. El miedo llegó a él. Su pulso se aceleró y los nervios le atenazaban. Recordó un consejo de un ex-compañero: "Si tienes miedo, dispara fuerte y al centro." Podría funcionar. El portero se había tirado en todos los lanzamientos anteriores pero ¿Y si se quedaba parado esta vez? ¿Y si había notado el miedo en su mirada y se imaginaba que haría eso? ¿Y si al pegar fuerte el balón se iba demasiado arriba? No. Dispararía abajo a la derecha. Era la primera opción y no iba a cambiarla.
Colocó el balón en el punto de penalti. Revisó el césped que lo rodeaba. Le vino la mirada de Terry resbalándose en la Final de la Champions y fallando. Todo parecía en orden. "Vamos, vamos" se repitió así mismo.
Tres pasos hacía atrás. Le temblaban las piernas. La respiración era incontrolada. Ni siquiera escuchaba al público. Iría abajo a la derecha. "Voy a acertar". Su padre le estaría mirando. Sus amigos podrían celebrarlo.
El silbido sonó. Dio un paso y miró al portero, luego al balón, luego al portero... pudo comprobar que se vencía a su derecha. ¡Mierda! Lanzaría a la izquierda y arriba. Golpeó. El balón se aceleró. Levantó la mirada. El balón iba justo a la escuadra, se levantó. "Entra", "Mierda, da en el poste". El balón se alejó de su pierna y recorrió 11 metros para dirigirse a un destino que le cambiaría la vida...
¿Qué sucedió? Poco importa.
Si terminó en acierto acabó siendo un héroe. Todo su pasado tendría sentido. Desde el libro que cayó en sus manos con 15 años a ese compañero que le dijo un día que él sería decisivo. Estaba destinado a ello.
Si terminó en fallo la decepción se apoderó de todo su entorno. Saldrán aquellos que clamaban a los cuatro vientos "te lo dije". Criticarían a él por lanzarlo a ese lado, a su entrenador por haberle asignado esa responsabilidad. Saldrán los "especialistas en..." a hablar de cómo debía haberlo lanzado, posición del cuerpo, cómo superar la ansiedad en esos momentos, los que hablen de liderazgo, los que saquen las estadísticas de todo tipo.
¿La realidad? Desde el momento en que su compañero detuvo el penalti una infinidad de variables se pusieron a interactuar unas entre otras dando lugar a un número infinito de impactos con una única verdad: Él era la persona que podía acertar o fallar y había un 50% probabilidades de que acertara o fallara.
Simple. Sencillo. Con un problema. Un razonamiento demasiado pobre para una sociedad que ansía justificaciones, hechos, causas... sumisa a girar indefinidamente en un circulo buscando explicaciones e incapaz de detenerse en su centro para sentir y disfrutar de la incertidumbre.
Unos 50 metros le separaban de la zona donde en unos dos, quizás tres minutos, su vida cambiaría. Tomo aire, cruzó la mirada con un par de compañeros a los que ni siquiera llegó a escuchar, le valió leer sus labios para saber que le animaban.
Comenzó a andar hacia el punto de penalti y empezó a pensar en su familia. ¿Qué estarían pensando? Sabía que su madre no iba a querer verlo, de hecho era probable que ya no estuviese viendo ni el partido pues no aguantaba los nervios. Su padre estaría observándole, con el miedo de saber que su hijo se enfrentaba a un momento crucial pero con el orgullo de saber que había llegado hasta un punto donde tenía la posibilidad de cambiar el mundo. Su hermana confiaría en él. Se agarraría a su cuñado y pensaría para sí misma: "lo va a meter. Él nunca falla."
Echó un vistazo a la grada y vio a toda una afición gritando su nombre. Dios, podía hacer feliz a mucha gente. Recordó cuando jugaba con sus amigos en las calles de su barrio. Cómo se bajaba el balón para echar unos partidos y cómo corría como un poseso para tocar el larguero y evitar ponerse de portero. Una portería que odiaba y que ahora le esperaba a no más de 40 metros.
Su mente volvió al campo. "No puedo fallar". Se lo repitió varias veces pero recordó que había leído en un libro que todo lo que uno piensa lo atrae. Fallar no era el verbo. "Voy a acertar, lo voy a meter". Durante ese cambio de actitud se cruzó con el rival que venía de enfrentarse al mismo reto. No quería mirarle pero, inevitablemente, cruzó sus ojos y pudo descubrir como el miedo, la responsabilidad, el error o la pena se combinaban en su mirada. No quería tener que pasar por eso.
Se encontraba ya al lado de la portería. Venía lo complicado. ¿Dónde tirar? Él no era un especialista. De hecho no estaba entre los 5 primeros elegidos pero los aciertos y errores de sus compañeros y rivales le habían llevado a esa situación. Normalmente los tiraba a la derecha y abajo. Así lo hizo en el entrenamiento previo al partido y había acertado todos. Sin embargo, había analizado al portero rival y en los dos lanzamientos anteriores se había lanzado a ese sitio. Daba igual, si el lanzamiento era bueno era imposible que lo alcanzara.
Agarró el balón. Miró al portero. El portero lo miró. ¿Sabría lo que estaba pensando? No estaba seguro. El miedo llegó a él. Su pulso se aceleró y los nervios le atenazaban. Recordó un consejo de un ex-compañero: "Si tienes miedo, dispara fuerte y al centro." Podría funcionar. El portero se había tirado en todos los lanzamientos anteriores pero ¿Y si se quedaba parado esta vez? ¿Y si había notado el miedo en su mirada y se imaginaba que haría eso? ¿Y si al pegar fuerte el balón se iba demasiado arriba? No. Dispararía abajo a la derecha. Era la primera opción y no iba a cambiarla.
Colocó el balón en el punto de penalti. Revisó el césped que lo rodeaba. Le vino la mirada de Terry resbalándose en la Final de la Champions y fallando. Todo parecía en orden. "Vamos, vamos" se repitió así mismo.
Tres pasos hacía atrás. Le temblaban las piernas. La respiración era incontrolada. Ni siquiera escuchaba al público. Iría abajo a la derecha. "Voy a acertar". Su padre le estaría mirando. Sus amigos podrían celebrarlo.
El silbido sonó. Dio un paso y miró al portero, luego al balón, luego al portero... pudo comprobar que se vencía a su derecha. ¡Mierda! Lanzaría a la izquierda y arriba. Golpeó. El balón se aceleró. Levantó la mirada. El balón iba justo a la escuadra, se levantó. "Entra", "Mierda, da en el poste". El balón se alejó de su pierna y recorrió 11 metros para dirigirse a un destino que le cambiaría la vida...
¿Qué sucedió? Poco importa.
Si terminó en acierto acabó siendo un héroe. Todo su pasado tendría sentido. Desde el libro que cayó en sus manos con 15 años a ese compañero que le dijo un día que él sería decisivo. Estaba destinado a ello.
Si terminó en fallo la decepción se apoderó de todo su entorno. Saldrán aquellos que clamaban a los cuatro vientos "te lo dije". Criticarían a él por lanzarlo a ese lado, a su entrenador por haberle asignado esa responsabilidad. Saldrán los "especialistas en..." a hablar de cómo debía haberlo lanzado, posición del cuerpo, cómo superar la ansiedad en esos momentos, los que hablen de liderazgo, los que saquen las estadísticas de todo tipo.
¿La realidad? Desde el momento en que su compañero detuvo el penalti una infinidad de variables se pusieron a interactuar unas entre otras dando lugar a un número infinito de impactos con una única verdad: Él era la persona que podía acertar o fallar y había un 50% probabilidades de que acertara o fallara.
Simple. Sencillo. Con un problema. Un razonamiento demasiado pobre para una sociedad que ansía justificaciones, hechos, causas... sumisa a girar indefinidamente en un circulo buscando explicaciones e incapaz de detenerse en su centro para sentir y disfrutar de la incertidumbre.
lunes, 4 de noviembre de 2013
Bad Day
Hoy es uno de esos días en los que las palabras salen fáciles. Todo el día tragando y tragando provoca que tengas que expulsarlo, así, del tirón.
Tras ver que el gimnasio se queda cojo, incluso añadiendo baño turco, no queda más remedio que recurrir al teclado y juntar teclas.
Y es que hoy es uno de esos días en los que, si tuviera el botón rojo para destruir a la sociedad, me habría puesto un buen vodka solo, me habría encendido un puro y tras dos caladas bien intensas y con el humo en mis pulmones lo habría apretado.
¿Dónde vamos? No tengo ni puta idea. Y ese es mi problema. Que el reconocer que uno no tiene ni puta idea hace que no seas atractivo para la sociedad. Ser sensato no vende. Ser responsable no vende. Ser cauto no vende.
Vende la palabrería sencilla. Las palabras técnicas que dotan de un aura de conocimiento al que las utiliza y que esconden su ignorancia. Vende la falsa moralidad del lunes. La dignidad de aquel que es amante de los pecados capitales. La sobriedad del traje frente al desprecio a la camiseta.
Y mientras transcurren los días, y uno aprende a navegar en la mierda, seguimos con las orejas bien abiertas, los ojos bien centrados, atendiendo a aquellos que hablan y hablan y que, cuando uno se para a pensarlo bien, te das cuenta que sólo ganan dinero por hablar. Es más jodido aún. Ganan dinero única y exclusivamente por hablarnos.
De este modo tendremos a los que nos hablan del fin del mundo, de los que hablan de fichajes que jamás llegarán a producirse, de los que nos dan soluciones que todo el mundo sabe que no pueden aplicarse pero, mientras tanto, cobran. Recuerda que tú sigues en la mierda.
Cierto es que los vendedores del humo dominan el mundo y se hacen de oro. También es cierto que nosotros les hacemos ricos.
Somos una sociedad perdida. Perdiendo el tiempo consultando a qué hora se acuesta ese que no nos hace ni caso. ¿De verdad lo ves necesario? Perdiendo el tiempo intentando agradar a una sociedad que te hundirá en la mierda cuando sea necesario.
La única conclusión que saco en claro es que sólo despreciando a la sociedad puedes llegar a ocupar los escalones más altos de esta montaña que entre todos hemos montado.
Eso y que esta mierda de texto no servirá para nada pero al menos ya me he desahogado.
P.D: Deja de espiar y como sí que pone mi wassap por si no te has fijado... SÉ FELIZ.
P.D a la P.D: Si me preguntas por quién cojones va lo de espiar es que eres de su misma naturaleza y no has entendido nada de lo que he escrito.
Tras ver que el gimnasio se queda cojo, incluso añadiendo baño turco, no queda más remedio que recurrir al teclado y juntar teclas.
Y es que hoy es uno de esos días en los que, si tuviera el botón rojo para destruir a la sociedad, me habría puesto un buen vodka solo, me habría encendido un puro y tras dos caladas bien intensas y con el humo en mis pulmones lo habría apretado.
¿Dónde vamos? No tengo ni puta idea. Y ese es mi problema. Que el reconocer que uno no tiene ni puta idea hace que no seas atractivo para la sociedad. Ser sensato no vende. Ser responsable no vende. Ser cauto no vende.
Vende la palabrería sencilla. Las palabras técnicas que dotan de un aura de conocimiento al que las utiliza y que esconden su ignorancia. Vende la falsa moralidad del lunes. La dignidad de aquel que es amante de los pecados capitales. La sobriedad del traje frente al desprecio a la camiseta.
Y mientras transcurren los días, y uno aprende a navegar en la mierda, seguimos con las orejas bien abiertas, los ojos bien centrados, atendiendo a aquellos que hablan y hablan y que, cuando uno se para a pensarlo bien, te das cuenta que sólo ganan dinero por hablar. Es más jodido aún. Ganan dinero única y exclusivamente por hablarnos.
De este modo tendremos a los que nos hablan del fin del mundo, de los que hablan de fichajes que jamás llegarán a producirse, de los que nos dan soluciones que todo el mundo sabe que no pueden aplicarse pero, mientras tanto, cobran. Recuerda que tú sigues en la mierda.
Cierto es que los vendedores del humo dominan el mundo y se hacen de oro. También es cierto que nosotros les hacemos ricos.
Somos una sociedad perdida. Perdiendo el tiempo consultando a qué hora se acuesta ese que no nos hace ni caso. ¿De verdad lo ves necesario? Perdiendo el tiempo intentando agradar a una sociedad que te hundirá en la mierda cuando sea necesario.
La única conclusión que saco en claro es que sólo despreciando a la sociedad puedes llegar a ocupar los escalones más altos de esta montaña que entre todos hemos montado.
Eso y que esta mierda de texto no servirá para nada pero al menos ya me he desahogado.
P.D: Deja de espiar y como sí que pone mi wassap por si no te has fijado... SÉ FELIZ.
P.D a la P.D: Si me preguntas por quién cojones va lo de espiar es que eres de su misma naturaleza y no has entendido nada de lo que he escrito.
jueves, 10 de octubre de 2013
Siempre Aún
Aunque aún te recuerdo, ese tiempo que soñaba contigo se marchó y desapareció en mi subconsciente como el hielo que desaparece en una copa, lentamente, pero que sin darte cuenta lo hace y pasa de significar algo básico a verte obligado a buscar otra para sentir lo mismo.
Distinto, cierto, sin embargo la esencia permanece. Esa sensación de algo distinto se convierte en recuerdos de algo similar. No terminas de desaparecer. Siempre hay algo que toma tu apariencia.
Realidad o ficción, es complicado saber o adivinar qué es qué o quién es quién. Dicen que uno es lo que piensa. Que son tus pensamientos los que te guían hacia aquello que realmente deseas, pero si fuera por pensar, te tendría aquí y, sintiéndolo mucho, no te veo por ninguna parte.
Incrédulo de eso que llaman destino, si mis pensamientos importan algo deben darte fuerza. El mundo sabe que importas. Que juegas un papel en este juego llamado vida y que tiene que tener en cuenta que, cuando aletea la mariposa donde tu estás, surge el tornado donde yo estoy.
Ahora bien, pese a todo, la conexión se mantiene. Más allá de conversaciones que no se dan, de miradas que no se cruzan, de caricias que se pierden en la almohada o de besos que se pierden en sueños.
No encontrarás razón para poder entender por qué después de tanto tiempo aún se mantiene. Qué hicimos bien para crearla. Qué hicimos mal para no disfrutarla como se merece.
Amor. Lo que puede que de sentido a la vida pero que, incapaces de entenderlo, preferimos huir de él y refugiarnos en el cobijo de la ignorancia.
Distinto, cierto, sin embargo la esencia permanece. Esa sensación de algo distinto se convierte en recuerdos de algo similar. No terminas de desaparecer. Siempre hay algo que toma tu apariencia.
Realidad o ficción, es complicado saber o adivinar qué es qué o quién es quién. Dicen que uno es lo que piensa. Que son tus pensamientos los que te guían hacia aquello que realmente deseas, pero si fuera por pensar, te tendría aquí y, sintiéndolo mucho, no te veo por ninguna parte.
Incrédulo de eso que llaman destino, si mis pensamientos importan algo deben darte fuerza. El mundo sabe que importas. Que juegas un papel en este juego llamado vida y que tiene que tener en cuenta que, cuando aletea la mariposa donde tu estás, surge el tornado donde yo estoy.
Ahora bien, pese a todo, la conexión se mantiene. Más allá de conversaciones que no se dan, de miradas que no se cruzan, de caricias que se pierden en la almohada o de besos que se pierden en sueños.
No encontrarás razón para poder entender por qué después de tanto tiempo aún se mantiene. Qué hicimos bien para crearla. Qué hicimos mal para no disfrutarla como se merece.
Amor. Lo que puede que de sentido a la vida pero que, incapaces de entenderlo, preferimos huir de él y refugiarnos en el cobijo de la ignorancia.
domingo, 6 de octubre de 2013
824 días
¿Dónde estabas hace 2 años y 3 meses? ¿Eres capaz de recordarlo? ¿Te ha cambiado la vida? ¿Sigues persiguiendo sueños? ¿Alcanzaste las metas que te pusiste en aquellos momentos? Puede que no tengas las respuestas a todas las preguntas pero sí es seguro que no eres la misma persona que hace 824 días. O al menos eso espero.
Si algo critico a la sociedad actual, y en especial a los jóvenes, es la escasa capacidad de sufrimiento y sacrificio personal en la búsqueda y logro de sus objetivos.
La tecnología nos ha aportado tiempo. Tenemos medios de transporte que se desplazan más rápido a través de medios mejor habilitados. Podemos comunicarnos prácticamente de forma instantánea con cualquier persona de cualquier parte del mundo. Podemos informar a todo el mundo de dónde estamos, qué queremos o qué pensamos justo en el momento en el que está sucediendo.
Sin embargo, donde creemos que nos han aportado tiempo, nos equivocamos. Porque el tiempo es imperturbable y los segundos pasan a velocidad constante y precisa por lo que poder hacer Madrid - Alicante en 2 horas y media en AVE, en lugar de hacerlo en 4 horas en coche o en 8 en autobús, no te ahorra tiempo porque estás obligado a padecer el paso del mismo.
Aquí radica la clave. Cómo aprovechar el tiempo. Sacar partido a todo el tiempo que tenemos debería ser la máxima que toda persona debería plantearse. Aprovechar cada segundo que tenemos porque ya no vuelve. ¿Realmente lo hacemos?
El cine y la televisión, no sé si de forma voluntaria o involuntaria, no ayudan a esto en nada. Cuando vemos una película o una serie sólo vemos fragmentos interesantes y relevantes de la vida de los personajes. No vemos cuando están solos, cuando se despiertan por la mañana y se quedan dando vueltas en la cama 5 minutitos más, cuando se van a dormir y tardan en dormirse porque una catarata de pensamientos recorre su cabeza. O cuando están simplemente tomando un café o haciendo la labor monótona de su trabajo y pensando en qué o quién.
Por eso pensamos que es fácil. Y rápido. Recuperar a una persona que has perdido, superar la muerte de un ser querido, formarte para ser aquello que deseas, encontrar a esa persona especial... en definitiva, encontrar aquellos segundos que formarían parte de las escenas de tu película personal.
No somos conscientes que sin esos momentos "vacíos" no tendremos la posibilidad de obtener momentos que "llenar". Pues no es la escena lo que llena esos segundos sino un conjunto de sensaciones y sentimientos que dan forma y sentido a ese momento generados en el "vacío" y que toman forma en "la escena".
824 días... esos son los días que Rafael Nadal tardó en volver a ser número 1 del mundo. 824 días donde nadie vio su recuperación, sus miedos, sus temores, su desesperación, su ilusión, su sacrificio o su disciplina. Pero él fue capaz de poner a todos ellos en una autopista de camino a la cima. Y lo alcanzó.
¿Cuántos días estás dispuesto a soportar tú?
Si algo critico a la sociedad actual, y en especial a los jóvenes, es la escasa capacidad de sufrimiento y sacrificio personal en la búsqueda y logro de sus objetivos.
La tecnología nos ha aportado tiempo. Tenemos medios de transporte que se desplazan más rápido a través de medios mejor habilitados. Podemos comunicarnos prácticamente de forma instantánea con cualquier persona de cualquier parte del mundo. Podemos informar a todo el mundo de dónde estamos, qué queremos o qué pensamos justo en el momento en el que está sucediendo.
Sin embargo, donde creemos que nos han aportado tiempo, nos equivocamos. Porque el tiempo es imperturbable y los segundos pasan a velocidad constante y precisa por lo que poder hacer Madrid - Alicante en 2 horas y media en AVE, en lugar de hacerlo en 4 horas en coche o en 8 en autobús, no te ahorra tiempo porque estás obligado a padecer el paso del mismo.
Aquí radica la clave. Cómo aprovechar el tiempo. Sacar partido a todo el tiempo que tenemos debería ser la máxima que toda persona debería plantearse. Aprovechar cada segundo que tenemos porque ya no vuelve. ¿Realmente lo hacemos?
El cine y la televisión, no sé si de forma voluntaria o involuntaria, no ayudan a esto en nada. Cuando vemos una película o una serie sólo vemos fragmentos interesantes y relevantes de la vida de los personajes. No vemos cuando están solos, cuando se despiertan por la mañana y se quedan dando vueltas en la cama 5 minutitos más, cuando se van a dormir y tardan en dormirse porque una catarata de pensamientos recorre su cabeza. O cuando están simplemente tomando un café o haciendo la labor monótona de su trabajo y pensando en qué o quién.
Por eso pensamos que es fácil. Y rápido. Recuperar a una persona que has perdido, superar la muerte de un ser querido, formarte para ser aquello que deseas, encontrar a esa persona especial... en definitiva, encontrar aquellos segundos que formarían parte de las escenas de tu película personal.
No somos conscientes que sin esos momentos "vacíos" no tendremos la posibilidad de obtener momentos que "llenar". Pues no es la escena lo que llena esos segundos sino un conjunto de sensaciones y sentimientos que dan forma y sentido a ese momento generados en el "vacío" y que toman forma en "la escena".
824 días... esos son los días que Rafael Nadal tardó en volver a ser número 1 del mundo. 824 días donde nadie vio su recuperación, sus miedos, sus temores, su desesperación, su ilusión, su sacrificio o su disciplina. Pero él fue capaz de poner a todos ellos en una autopista de camino a la cima. Y lo alcanzó.
¿Cuántos días estás dispuesto a soportar tú?
martes, 1 de octubre de 2013
Te voy a contar un secreto
Te voy a contar un secreto: eres un/a mierda.
Eres un/a mierda desde el momento en que no eres capaz de luchar por tus sueños. Cuando decides hincar las rodillas, juntar las manos y dejar que te esposen a una vida sin sueños que perseguir, sin felicidad que alcanzar. Cuando decides que nadar contracorriente es mayor esfuerzo que dejarse guiar por la marea.
Eres un/a mierda desde el momento en el que te levantas cada día con una pareja a tu lado a la que has puesto los cuernos y aún sigues escribiéndole que es lo mejor que te ha pasado en la vida o subiendo fotos con esa persona para que el resto vea que eres feliz, que encontraste el amor.
Eres un/a mierda desde el momento en que decidiste considerarte una mierda para resignarte a caer en lo más bajo y someterte a un perdón consentido a una persona que no lo merece sólo por el hecho de que valoras más un abrazo, un beso o un polvo a una humillación, a un desprecio o a una falta de respeto.
Eres un/a mierda cuando enterraste el amor que deseabas simplemente porque te costaba alcanzarlo, no estabas preparad@ o tuviste tanto miedo que no estuviste dispuesto a soportar el gran dolor para poder obtener la gran felicidad. Pensaste que un clavo saca otro clavo pero no te diste cuenta que son los pequeños detalles los que marcan la diferencia y que no es lo mismo volar unas horas que hacer que el tiempo se detenga.
Eres un mierda cuando decidiste criticarnos.
Sí. A aquellos que todavía podemos mirar a los ojos a todo el mundo y decirle la verdad. Aquellos que dormimos con la conciencia tranquila sabiendo que jamás nadie nos podrá reprochar nada. Que fuimos esa persona que más luchamos por ese algo o ese alguien. Porque entendemos el sacrificio como una posibilidad de perder. De gastar todo nuestro tiempo sin recompensa. De aquellos que saben que incluso sin alcanzar la recompensa vale la pena luchar por un minuto más, por una bocanada de aire, por un segundo mirándote a los ojos, acariciándote, besándote o riendo contigo.
Porque esta sociedad acabará con nosotros, más pronto que tarde. Y entonces os quedaréis solos. Vacíos. Viviendo la mentira. Con la cabeza agachada. Con la sonrisa en las fotos. Con los sueños escritos en frases de Facebook.
Y entonces os tendremos que dar las gracias. Pues no hay mayor verdad que una muerte digna y una mayor pena que una vida perdida en la mentira.
Eres un/a mierda desde el momento en que no eres capaz de luchar por tus sueños. Cuando decides hincar las rodillas, juntar las manos y dejar que te esposen a una vida sin sueños que perseguir, sin felicidad que alcanzar. Cuando decides que nadar contracorriente es mayor esfuerzo que dejarse guiar por la marea.
Eres un/a mierda desde el momento en el que te levantas cada día con una pareja a tu lado a la que has puesto los cuernos y aún sigues escribiéndole que es lo mejor que te ha pasado en la vida o subiendo fotos con esa persona para que el resto vea que eres feliz, que encontraste el amor.
Eres un/a mierda desde el momento en que decidiste considerarte una mierda para resignarte a caer en lo más bajo y someterte a un perdón consentido a una persona que no lo merece sólo por el hecho de que valoras más un abrazo, un beso o un polvo a una humillación, a un desprecio o a una falta de respeto.
Eres un/a mierda cuando enterraste el amor que deseabas simplemente porque te costaba alcanzarlo, no estabas preparad@ o tuviste tanto miedo que no estuviste dispuesto a soportar el gran dolor para poder obtener la gran felicidad. Pensaste que un clavo saca otro clavo pero no te diste cuenta que son los pequeños detalles los que marcan la diferencia y que no es lo mismo volar unas horas que hacer que el tiempo se detenga.
Eres un mierda cuando decidiste criticarnos.
Sí. A aquellos que todavía podemos mirar a los ojos a todo el mundo y decirle la verdad. Aquellos que dormimos con la conciencia tranquila sabiendo que jamás nadie nos podrá reprochar nada. Que fuimos esa persona que más luchamos por ese algo o ese alguien. Porque entendemos el sacrificio como una posibilidad de perder. De gastar todo nuestro tiempo sin recompensa. De aquellos que saben que incluso sin alcanzar la recompensa vale la pena luchar por un minuto más, por una bocanada de aire, por un segundo mirándote a los ojos, acariciándote, besándote o riendo contigo.
Porque esta sociedad acabará con nosotros, más pronto que tarde. Y entonces os quedaréis solos. Vacíos. Viviendo la mentira. Con la cabeza agachada. Con la sonrisa en las fotos. Con los sueños escritos en frases de Facebook.
Y entonces os tendremos que dar las gracias. Pues no hay mayor verdad que una muerte digna y una mayor pena que una vida perdida en la mentira.
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