Si hay algo que nos acompaña desde que nacemos hasta que abandonamos esta vida es el tiempo. Al fin y al cabo tu vida es eso, tiempo.
En uno de esos días en los que la cabeza va a toda velocidad y de repente te paras a pensar te das cuenta del alcance, la magnitud y la importancia del tiempo en nuestras vidas. Porque si de algo me he dado cuenta es que el tiempo nunca es del gusto de la persona: te puede faltar o te puede sobrar pero raramente uno esta contento con la cantidad de tiempo que dispone.
Nos han enseñado a valorar el tiempo en fracciones de segundos, minutos, días, meses y años pero no, el tiempo no es el mismo y no, no me he vuelto loco. Un minuto con la persona que amas no dura lo mismo que un minuto de espera a esa persona. Uno dura un suspiro, el otro, una eternidad.
Es ahí donde comienza la reflexión sobre el tiempo y la felicidad. Acostumbrados a alargar nuestra vida lo máximo posible uno se pregunta ¿realmente quieres hacerla más larga? ¿en cuánto a qué? Para uno que vive prácticamente dos vidas, he aprendido que la felicidad simplemente es vivir rápido. Porque cuando uno ama lo que hace, está con la persona que quiere y vive la vida que quiere vivir, entonces la vida pasa rápido. Sin embargo, cuando uno no está donde quiere y con quiere estar, la espera se hace eterna.
De aquí uno saca una lección: Si quieres saber qué te hace feliz simplemente pregúntate, ¿dónde, con quién, cómo, mi vida pasa deprisa? Aprenderás que la felicidad es la capacidad de transformar sobrantes de tiempo en necesidades de tiempo.
La frase "vive demasiado rápido" muchas veces está asociada a "está cometiendo muchas locuras" pero quizás "vivir demasiado rápido" sea la clave. Quizás no se trate de parar el tiempo, quizás se trate de hacer que tu vida sea un instante.
jueves, 9 de marzo de 2017
viernes, 11 de noviembre de 2016
El equilibrio perfecto
Dicen los iluminados que hablan de la vida que se alcanza la máxima felicidad cuando tu vida está perfectamente equilibrada. Estoy de acuerdo en la frase pero no en el contenido de la misma. Me explico. Para ellos el equilibrio es la coordinación de las distintas facetas que rodean tu vida: familia, trabajo, pareja, amistades, salud... Creo que se equivocan.
La balanza representa el equilibrio perfecto. Consta de pesos pero también de contrapesos. Al igual que el yin y el yan, otro símbolo de armonía, consta de blancos y de negros. El problema es que solemos fijarnos en los blancos demasiado y poco o nada en los negros. Y ahí surge el problema. Si la alegría, el amor, la felicidad, la paz interior sujetan una parte de la balanza, ¿qué sujeta la otra parte? Volveré a ello.
Si algo he ido asumiendo a lo largo de mi vida es que el ser humano tiene una cualidad que es, lamentablemente, bastante visible a lo largo de su historia: nunca usa las cosas bien. Dale la energía nuclear y creará una bomba en lugar de energía. Dale un cuchillo y creará un arma en lugar de una herramienta. Y así con todo.
Especialmente problemático es el caso del miedo. El miedo, pese a lo que todo el mundo dice, es nuestro principal protector. Si no tuviéramos miedo nos lanzaríamos desde una azotea porque no seríamos conscientes de qué puede pasarnos, tocaríamos el fuego sin miedo a quemarnos, etc.. Y muchas veces es el miedo el que nos permite estar más atentos, saltar más alto, correr más rapido. Es nuestra mayor fortaleza, no nuestra debilidad. Pero como siempre, el hombre no sabe usarlo correctamente. Un clásico.
Para uno que ha estado fuera más por necesidad que por gusto, y que sigue viajando todavía, la experiencia le dice que para querer a tu tierra basta con echarla de menos, para querer al calor basta con tener frío, para disfrutar de un abrazo de un amigo basta con no recibirlo en unos meses. En resumen: no hay nada mejor para encontrar valor a las cosas que perderlas. Equilibrio.
Y para última divagación del día: la balanza, para estar en equilibrio, compensa. Cuanto mayores sean tus penas, mayores serán tus alegrías. Cuanto mayores sean tus lagrimas de tristeza, mejores sabrán tus lágrimas de alegría. Cuanto mayor sea el esfuerzo, mayor será la recompensa.
Tú que eres del atleti, te pregunto: ¿vas a disfrutar igual la Champions que gane si no la hubiera perdido como la perdió anteriormente? Equilibrio.
Normalmente las mayores tristezas son las cortinas que esconden las mayores alegrías. Normalmente detrás de nuestros mayores temores están nuestras mejores experiencias. Porque como dicen en El Caballero Oscuro, "la noche es más oscura justo antes del amanecer".
Y tras esta chapa haz lo que quieras, es tu vida. Tú eres el que duerme contigo, el que se levanta contigo y al que le toca aguantarte como eres. Porque como dicen en El Señor de los Anillos, "tú decides qué hacer con el tiempo que se te ha dado".
Andrés te espera.
La balanza representa el equilibrio perfecto. Consta de pesos pero también de contrapesos. Al igual que el yin y el yan, otro símbolo de armonía, consta de blancos y de negros. El problema es que solemos fijarnos en los blancos demasiado y poco o nada en los negros. Y ahí surge el problema. Si la alegría, el amor, la felicidad, la paz interior sujetan una parte de la balanza, ¿qué sujeta la otra parte? Volveré a ello.
Si algo he ido asumiendo a lo largo de mi vida es que el ser humano tiene una cualidad que es, lamentablemente, bastante visible a lo largo de su historia: nunca usa las cosas bien. Dale la energía nuclear y creará una bomba en lugar de energía. Dale un cuchillo y creará un arma en lugar de una herramienta. Y así con todo.
Especialmente problemático es el caso del miedo. El miedo, pese a lo que todo el mundo dice, es nuestro principal protector. Si no tuviéramos miedo nos lanzaríamos desde una azotea porque no seríamos conscientes de qué puede pasarnos, tocaríamos el fuego sin miedo a quemarnos, etc.. Y muchas veces es el miedo el que nos permite estar más atentos, saltar más alto, correr más rapido. Es nuestra mayor fortaleza, no nuestra debilidad. Pero como siempre, el hombre no sabe usarlo correctamente. Un clásico.
Para uno que ha estado fuera más por necesidad que por gusto, y que sigue viajando todavía, la experiencia le dice que para querer a tu tierra basta con echarla de menos, para querer al calor basta con tener frío, para disfrutar de un abrazo de un amigo basta con no recibirlo en unos meses. En resumen: no hay nada mejor para encontrar valor a las cosas que perderlas. Equilibrio.
Y para última divagación del día: la balanza, para estar en equilibrio, compensa. Cuanto mayores sean tus penas, mayores serán tus alegrías. Cuanto mayores sean tus lagrimas de tristeza, mejores sabrán tus lágrimas de alegría. Cuanto mayor sea el esfuerzo, mayor será la recompensa.
Tú que eres del atleti, te pregunto: ¿vas a disfrutar igual la Champions que gane si no la hubiera perdido como la perdió anteriormente? Equilibrio.
Normalmente las mayores tristezas son las cortinas que esconden las mayores alegrías. Normalmente detrás de nuestros mayores temores están nuestras mejores experiencias. Porque como dicen en El Caballero Oscuro, "la noche es más oscura justo antes del amanecer".
Y tras esta chapa haz lo que quieras, es tu vida. Tú eres el que duerme contigo, el que se levanta contigo y al que le toca aguantarte como eres. Porque como dicen en El Señor de los Anillos, "tú decides qué hacer con el tiempo que se te ha dado".
Andrés te espera.
martes, 30 de agosto de 2016
6.500
2 segundos. Eso es lo que tardé en teclear 6.500. 0,5 segundos. Eso es lo que tardé en leerlo.
El mundo de los números es frío. Quizás el que inventó los números lo hizo como medio para dar malas noticias. El número duele menos. El número podrías ser tú o podría ser yo, incluso podríamos ser los 2. Porque si hablamos de Javier, Joaquín, Silvia, John, Emile... ya es otra cosa. Quizás por eso cuando hay grandes atentados o grandes desastres en los países desarrollados no se mide el tiempo que se gasta en leer los nombres de los X muertos. Porque no duele tanto decir: 1, 2, 3 que Javier, Joaquín y Carlos.
Y por eso odio los números. Y por eso me dedico a ellos. Porque el ser humano tiene la mala costumbre de dar el uso indebido a las cosas. Dale un cuchillo y matará a alguien. Así somos. Pero como todo, pienso que los número no quieren ser malos, al igual que el cuchillo no quiere matar.
6.500 personas han sido rescatadas en 24 horas en el mar Mediterráneo. Y aquí tenemos un problema. Porque si te digo el nombre de las 6.500 personas que han sido rescatadas desconectaras, siendo generoso, en el número 30. Y si sólo te digo que han sido rescatadas 6.500 personas, te parece una barbaridad, compartirás algo en facebook, te quejarás en 140 caracteres y a trabajar, dormir o ver la tele. Tic Tac.
Algunos hemos tenido miedo de tirarnos a la piscina pero esta gente no tiene miedo de tirarse al mar. Sólo conozco dos formas de superar el miedo: la venganza y la esperanza. El problema de la primera es que se alimenta del odio. Y el problema del odio es que es como una droga, realmente busca sobrevivir en sí mismo por lo que una vez lo pruebas te consumirá de forma completa. ¿Y qué es la esperanza? Nada más y nada menos que cumplir un sueño realidad. La lámpara de Aladino. El genio de los deseos. ¿Es real? Supongo que cuando acabas en los campos de concentración en los que acaban los inmigrantes que son recogidos uno debe asumir que jamás existió.
Y he aquí el gran dilema que se plantea en mi cabeza. Meterme en la cabeza de un inmigrante y pensar como él. Pensar que huyo del infierno creado por personas porque existe un mundo mejor. Llegar a ese mundo mejor y darse cuenta que las personas que forman ese mundo mejor son tan tiranas como aquellos de los que huye.
Porque podemos compartir, podemos escribir, 140 caracteres, un blog o un libro. Porque podemos llorar, podemos sentir pena, podemos sentir impotencia pero cuando no dura lo suficiente como para que cambiemos lo que tenemos, entonces, debemos asumir que somos unos tiranos.
Y debemos asumir que, mientras la luz del paraíso esté encendida, seguiremos disfrazados de buenas personas pero, espero no suceda, cuando lleguen las luces del infierno prepárate, porque entonces conocerás al tirano que llevas dentro.
Y ese es quizás el problema que tiene la sociedad. Y ese es quizás el problemas de las personas que no se encuentran a sí mismas y sufren crisis de personalidad. Buscan luz en su reflejo sin encontrarlo porque no se dan cuenta de que de lo que realmente están hechos es de oscuridad.
El mundo de los números es frío. Quizás el que inventó los números lo hizo como medio para dar malas noticias. El número duele menos. El número podrías ser tú o podría ser yo, incluso podríamos ser los 2. Porque si hablamos de Javier, Joaquín, Silvia, John, Emile... ya es otra cosa. Quizás por eso cuando hay grandes atentados o grandes desastres en los países desarrollados no se mide el tiempo que se gasta en leer los nombres de los X muertos. Porque no duele tanto decir: 1, 2, 3 que Javier, Joaquín y Carlos.
Y por eso odio los números. Y por eso me dedico a ellos. Porque el ser humano tiene la mala costumbre de dar el uso indebido a las cosas. Dale un cuchillo y matará a alguien. Así somos. Pero como todo, pienso que los número no quieren ser malos, al igual que el cuchillo no quiere matar.
6.500 personas han sido rescatadas en 24 horas en el mar Mediterráneo. Y aquí tenemos un problema. Porque si te digo el nombre de las 6.500 personas que han sido rescatadas desconectaras, siendo generoso, en el número 30. Y si sólo te digo que han sido rescatadas 6.500 personas, te parece una barbaridad, compartirás algo en facebook, te quejarás en 140 caracteres y a trabajar, dormir o ver la tele. Tic Tac.
Algunos hemos tenido miedo de tirarnos a la piscina pero esta gente no tiene miedo de tirarse al mar. Sólo conozco dos formas de superar el miedo: la venganza y la esperanza. El problema de la primera es que se alimenta del odio. Y el problema del odio es que es como una droga, realmente busca sobrevivir en sí mismo por lo que una vez lo pruebas te consumirá de forma completa. ¿Y qué es la esperanza? Nada más y nada menos que cumplir un sueño realidad. La lámpara de Aladino. El genio de los deseos. ¿Es real? Supongo que cuando acabas en los campos de concentración en los que acaban los inmigrantes que son recogidos uno debe asumir que jamás existió.
Y he aquí el gran dilema que se plantea en mi cabeza. Meterme en la cabeza de un inmigrante y pensar como él. Pensar que huyo del infierno creado por personas porque existe un mundo mejor. Llegar a ese mundo mejor y darse cuenta que las personas que forman ese mundo mejor son tan tiranas como aquellos de los que huye.
Porque podemos compartir, podemos escribir, 140 caracteres, un blog o un libro. Porque podemos llorar, podemos sentir pena, podemos sentir impotencia pero cuando no dura lo suficiente como para que cambiemos lo que tenemos, entonces, debemos asumir que somos unos tiranos.
Y debemos asumir que, mientras la luz del paraíso esté encendida, seguiremos disfrazados de buenas personas pero, espero no suceda, cuando lleguen las luces del infierno prepárate, porque entonces conocerás al tirano que llevas dentro.
Y ese es quizás el problema que tiene la sociedad. Y ese es quizás el problemas de las personas que no se encuentran a sí mismas y sufren crisis de personalidad. Buscan luz en su reflejo sin encontrarlo porque no se dan cuenta de que de lo que realmente están hechos es de oscuridad.
martes, 8 de diciembre de 2015
La edad de los ignorantes
A lo Gandalf, en los albores de la tempestad, regreso a vosotros. No por nada en especial. Al fin y al cabo me leerán los mismos de siempre con los que discutiré a viva voz y que suponen más allá de la discusión mi mejor compañía.
No sé cómo hemos llegado a esto pero me hago una idea. El cerebro humano bastante tenía con tener que trabajar en la selección de lo importante y lo no importante a la hora de discriminar las percepciones de sus sentidos pero no era consciente de la que se le venía encima: aluvión de información de distintos medios en las que cualquiera con un poco de ingenio puede inventarse algo y, lo más jodido, hacer que el resto se lo crean.
La era de los intelectuales ha dado paso a la era de los manipuladores. Los trileros existen única y exclusivamente porque hay gente que sigue pensando que pueden ganarles y que todo es un juego de azar. Como los casinos, donde la gente se juega su dinero sin darse cuenta que si llevan existiendo muchos años por algo será. Pero claro, ¿qué podemos esperar de borregos a los que nos han dicho: lee, repite y escribe para aprobar? Poco o nada.
La capacidad crítica no existe porque hemos hecho al hombre simple. Y aquí hay que puntualizar bien porque una cosa es simplificar y otra muy distinta ser simple. ¿Dónde radica la diferencia? Que sólo puede simplificar aquel que tiene un dominio del arte en su máxima expresión. Para que nos enteremos: Ferrán Adriá simplifica. Las tapas de los bares son simples.
Y todos nos veremos reflejados cuando nos encontramos en una situación en la que hablamos con borregos sobre nuestro arte y decidimos quedarnos en silencio ante una conversación llena de argumentos basados en repetir lo que otros "gurús" o "entendidos" dijeron y que no derivan de la experiencia personal. No sé cómo lo hemos logrado pero el desconocimiento argumentado permite ganar debates. Así estamos.
Porque cualquiera que sabe de cocina sabe que detrás de la respuesta me gusta o no me gusta entran mil variables que el cliente desconoce (calidad de la materia prima, instrumentos que se utilizan, clima, recipientes, presentación, incluso el humor del cocinero...). Cualquiera que sabe de fútbol sabe que dentro de un partido son mil las variables que te permiten hacer un buen partido pero que la gente lo resumirá en "falta de actitud" o directamente en "hay que echarle huevos".
Uno no sabe si esto ha sido consecuencia de la causalidad o de la casualidad pero la realidad es que los ignorantes dominarán el mundo de aquí a poquito tiempo. No hay tiempo ni marcha atrás. Como el calentamiento global, uno puede mitigarlo pero ya no detenerlo.
El tiempo pasa y mientras la voz de la experiencias, las vivencias y la cercana a la realidad se va despidiendo, la era virtual, que sabe de todo a través de una pantalla, se va instalando para vivir conectada sin conexión.
Espero que al menos los besos en los labios no desaparezcan.
No sé cómo hemos llegado a esto pero me hago una idea. El cerebro humano bastante tenía con tener que trabajar en la selección de lo importante y lo no importante a la hora de discriminar las percepciones de sus sentidos pero no era consciente de la que se le venía encima: aluvión de información de distintos medios en las que cualquiera con un poco de ingenio puede inventarse algo y, lo más jodido, hacer que el resto se lo crean.
La era de los intelectuales ha dado paso a la era de los manipuladores. Los trileros existen única y exclusivamente porque hay gente que sigue pensando que pueden ganarles y que todo es un juego de azar. Como los casinos, donde la gente se juega su dinero sin darse cuenta que si llevan existiendo muchos años por algo será. Pero claro, ¿qué podemos esperar de borregos a los que nos han dicho: lee, repite y escribe para aprobar? Poco o nada.
La capacidad crítica no existe porque hemos hecho al hombre simple. Y aquí hay que puntualizar bien porque una cosa es simplificar y otra muy distinta ser simple. ¿Dónde radica la diferencia? Que sólo puede simplificar aquel que tiene un dominio del arte en su máxima expresión. Para que nos enteremos: Ferrán Adriá simplifica. Las tapas de los bares son simples.
Y todos nos veremos reflejados cuando nos encontramos en una situación en la que hablamos con borregos sobre nuestro arte y decidimos quedarnos en silencio ante una conversación llena de argumentos basados en repetir lo que otros "gurús" o "entendidos" dijeron y que no derivan de la experiencia personal. No sé cómo lo hemos logrado pero el desconocimiento argumentado permite ganar debates. Así estamos.
Porque cualquiera que sabe de cocina sabe que detrás de la respuesta me gusta o no me gusta entran mil variables que el cliente desconoce (calidad de la materia prima, instrumentos que se utilizan, clima, recipientes, presentación, incluso el humor del cocinero...). Cualquiera que sabe de fútbol sabe que dentro de un partido son mil las variables que te permiten hacer un buen partido pero que la gente lo resumirá en "falta de actitud" o directamente en "hay que echarle huevos".
Uno no sabe si esto ha sido consecuencia de la causalidad o de la casualidad pero la realidad es que los ignorantes dominarán el mundo de aquí a poquito tiempo. No hay tiempo ni marcha atrás. Como el calentamiento global, uno puede mitigarlo pero ya no detenerlo.
El tiempo pasa y mientras la voz de la experiencias, las vivencias y la cercana a la realidad se va despidiendo, la era virtual, que sabe de todo a través de una pantalla, se va instalando para vivir conectada sin conexión.
Espero que al menos los besos en los labios no desaparezcan.
lunes, 26 de enero de 2015
Volver
3 han sido las veces que he realizado el Camino de Santiago. 3 han sido las veces que he subido al altar para abrazar al Santo. 2 de ellas pedí un deseo y el paso del tiempo lo concedió. Quizás por lo divino (para aquel que crea) quizás porque como bien se dice "la fe te otorga la paciencia necesaria para alcanzarlo" pero se cumplió.
La última vez fue distinta. Cuando subí no pedí nada. Mi mente se quedo vacía y sin nada que pedir sólo pude pensar "llévame allí donde creas que debo estar". No sé de dónde salieron esas palabras pero sé que unas cosas llevan a otras y que, llámalo destino o atracción, estamos donde queremos estar.
Hoy di un paseo de despedida por mi Ciudad, en especial, por mis calles de la infancia. Llegué hasta mi colegio, recorrí sus paredes y lo observé detenidamente y, entonces, recordé. Recordé las sensaciones que tenía cuando era un niño, mis pensamientos, mis preocupaciones, mis ambiciones, mis sueños... fue humillante.
Ha sido una de las sensaciones más extrañas que he tenido en mi vida. Por instantes sentí que mis recuerdos no eran míos. Que los momentos vividos allí habían sido disfrutados por otra persona. Que la distancia entre aquel niño y el hombre de 30 años no correspondían a la misma persona. Lo más triste de todo, lo que más me hundió, fue un pensamiento y una sensación que recorrió todo mi cuerpo para clavarse en mi mente: aquel niño miraría con desprecio al hombre.
El tiempo pasa. Vivimos experiencias nuevas y olvidamos. El poder de los medios de comunicación, la influencia de la sociedad, las nuevas tecnologías entierran a los niños. ¿Son tus sueños de ahora los que tenías cuando nada te influenciaba? ¿Es tu forma de pensar la que tenías cuando ibas al colegio? ¿Recuerdas cuando querías ser mayor para cambiar el mundo?
No sé si por divinidad o por paciencia (eterna divinidad) pero tengo la sensación que aquella mañana postrado ante mi adorado Santi, el niño que despreciaría al adulto escarbó las entrañas donde se encontraba enterrado e hizo lo que tenía que hacer: no se rindió y tendió la mano al adulto.
Y, entonces, el adulto, inconscientemente, decidió volver a por él.
martes, 22 de julio de 2014
Expectativas
¿Qué esperas del mundo? ¿Qué esperas de tu futuro? ¿Qué esperas del trabajo? ¿Qué esperas de tu pareja? ¿Qué esperas de la vida?
Podría continuar con un sinfín de preguntas que sólo llevarían a más preguntas. Las respuestas a esas preguntas rara vez serán objetivas. Somos seres influenciables, capaces de pasar del "me como el mundo" a "el mundo se acaba" con una canción, una llamada, un gol, un mensaje o un día cálido o lluvioso.
La definición de expectativa en la RAE es "esperanza de conseguir algo". La definición de esperanza en la RAE es "estado de ánimo que determina que algo es posible". Es decir, nuestro estado de ánimo determinará nuestras expectativa y nuestro estado de ánimo es tan alterable y tan influenciable que nuestras expectativas se convierten en sueños o pesadillas cuyo final viene determinado por el sonido del despertador.
Tic-Tac. Y cambio. Tic-Tac. Y adiós.
Por eso como Lennon decía: "la vida es aquello que pasa mientras esperamos que pase algo". Por eso como dice el gran Juaninacka: "eterna búsqueda convertida en eterna espera".
Podría continuar con un sinfín de preguntas que sólo llevarían a más preguntas. Las respuestas a esas preguntas rara vez serán objetivas. Somos seres influenciables, capaces de pasar del "me como el mundo" a "el mundo se acaba" con una canción, una llamada, un gol, un mensaje o un día cálido o lluvioso.
La definición de expectativa en la RAE es "esperanza de conseguir algo". La definición de esperanza en la RAE es "estado de ánimo que determina que algo es posible". Es decir, nuestro estado de ánimo determinará nuestras expectativa y nuestro estado de ánimo es tan alterable y tan influenciable que nuestras expectativas se convierten en sueños o pesadillas cuyo final viene determinado por el sonido del despertador.
Tic-Tac. Y cambio. Tic-Tac. Y adiós.
Por eso como Lennon decía: "la vida es aquello que pasa mientras esperamos que pase algo". Por eso como dice el gran Juaninacka: "eterna búsqueda convertida en eterna espera".
lunes, 2 de junio de 2014
Tim Duncan
Seguro que tanto tú como yo nos hemos visto muy cerca del infierno, muy cerca de una situación en las que hemos sentido la derrota, la miseria, la desesperación, la angustia de sentir que hemos tocado un fondo que queremos olvidar.
Muchos nos hemos caído de una bicicleta y no hemos vuelto a cogerla. No hemos vuelto a ese restaurante donde íbamos con esa persona especial para evitar recordarla. No hemos vuelto a enamorarnos por miedo a volver a ser rechazados. No hemos vuelto a entregarnos en cuerpo y alma por miedo a que nos defrauden y lleguemos a pensar que todo ese esfuerzo ya no vale la pena.
En un mundo como el actual el pasado no existe. En el mundo donde más fotografías guardamos decidimos no volver a recordar los malos momentos. No perseguimos nuestros sueños por miedo a no alcanzarlos. No volvemos a levantarnos cuando nos caemos.
El honor, la fidelidad, la unión, el compañerismo más allá de banderas, religiones, razas o edades dejó de existir. Fue un cuento de hadas que se queda en las películas de Disney para ser devorado por el tiempo.
Pero siempre hay esperanza y aún, entre el ruido, unos pocos locos permanecen inalterables al tiempo.
Le conocí hace 17 años. Tenía algo que llamaba la atención. Donde todo el mundo protestaba, él permanecía impasible. Donde todo el mundo sacaba pecho, él permanecía inalterable. Mientras todos buscaban los focos, él huía de la luz de los flashes. Quizás porque llevaba el número del día de mi madre, quizás porque llevaba un tatuaje de un dragón (a los que adoro), quizás porque el nombre del equipo era muy español, pero me fije en él y desde entonces no ha habido ni un sólo minuto en el que haya dejado de admirarlo.
17 años para hacer historia, para convertirse en el mejor 4 de la historia, para dar lección tras lección de moralidad, de saber estar, para no dar un ruido mayor del estrictamente necesario.
"Juega por lo que pone en tu pecho, no en tu espalda". Es su lema.
No ha cambiado de equipo, no ha sido el mejor pagado de la NBA, ha renunciado a 10 millones de dólares por temporada para poder volver a luchar por otro anillo y con ello hacernos felices a muchas personas que ni conoce ni llegará a conocer.
Con 37 años, 4 anillos, 3 MVP´s de las finales, 2 MVP´s de la temporada y muchos muchos records, que seguramente ni conozca, era fácil retirarse tras la tremenda decepción del año pasado. Un triple en el último segundo del sexto partido le privó del anillo cuando más duele, cuando más cerca lo tenía. En el séptimo partido tuvo un palmeo sencillo para empatar y falló. Se ganó el respeto de todo el mundo y para muchos aquella era "la última vez que lucharía por el anillo".
Pero es un hombre del pasado. Una persona que utiliza las cicatrices para recordarle dónde quiere ir en lugar de recordarle de dónde viene.
Es una persona que da la mayor lección que te pueden dar en la vida: Los valores existen. El honor existe. La fidelidad existe. La amistad existe. La dedicación existe. El respeto existe. El amor existe.
Hace un año le arrebataron un anillo en el último segundo. El problema es que él decidió que no era el último segundo. Y ahí radica su última lección: Tu decides cuándo es tu punto y final.
Porque esta vez no fallará. Porque esta vez ganará. Porque él decide cuándo y cómo es el final.
Eres el más grande de todos los tiempos: GRACIAS TIM DUNCAN.
Muchos nos hemos caído de una bicicleta y no hemos vuelto a cogerla. No hemos vuelto a ese restaurante donde íbamos con esa persona especial para evitar recordarla. No hemos vuelto a enamorarnos por miedo a volver a ser rechazados. No hemos vuelto a entregarnos en cuerpo y alma por miedo a que nos defrauden y lleguemos a pensar que todo ese esfuerzo ya no vale la pena.
En un mundo como el actual el pasado no existe. En el mundo donde más fotografías guardamos decidimos no volver a recordar los malos momentos. No perseguimos nuestros sueños por miedo a no alcanzarlos. No volvemos a levantarnos cuando nos caemos.
El honor, la fidelidad, la unión, el compañerismo más allá de banderas, religiones, razas o edades dejó de existir. Fue un cuento de hadas que se queda en las películas de Disney para ser devorado por el tiempo.
Pero siempre hay esperanza y aún, entre el ruido, unos pocos locos permanecen inalterables al tiempo.
Le conocí hace 17 años. Tenía algo que llamaba la atención. Donde todo el mundo protestaba, él permanecía impasible. Donde todo el mundo sacaba pecho, él permanecía inalterable. Mientras todos buscaban los focos, él huía de la luz de los flashes. Quizás porque llevaba el número del día de mi madre, quizás porque llevaba un tatuaje de un dragón (a los que adoro), quizás porque el nombre del equipo era muy español, pero me fije en él y desde entonces no ha habido ni un sólo minuto en el que haya dejado de admirarlo.
17 años para hacer historia, para convertirse en el mejor 4 de la historia, para dar lección tras lección de moralidad, de saber estar, para no dar un ruido mayor del estrictamente necesario.
"Juega por lo que pone en tu pecho, no en tu espalda". Es su lema.
No ha cambiado de equipo, no ha sido el mejor pagado de la NBA, ha renunciado a 10 millones de dólares por temporada para poder volver a luchar por otro anillo y con ello hacernos felices a muchas personas que ni conoce ni llegará a conocer.
Con 37 años, 4 anillos, 3 MVP´s de las finales, 2 MVP´s de la temporada y muchos muchos records, que seguramente ni conozca, era fácil retirarse tras la tremenda decepción del año pasado. Un triple en el último segundo del sexto partido le privó del anillo cuando más duele, cuando más cerca lo tenía. En el séptimo partido tuvo un palmeo sencillo para empatar y falló. Se ganó el respeto de todo el mundo y para muchos aquella era "la última vez que lucharía por el anillo".
Pero es un hombre del pasado. Una persona que utiliza las cicatrices para recordarle dónde quiere ir en lugar de recordarle de dónde viene.
Es una persona que da la mayor lección que te pueden dar en la vida: Los valores existen. El honor existe. La fidelidad existe. La amistad existe. La dedicación existe. El respeto existe. El amor existe.
Hace un año le arrebataron un anillo en el último segundo. El problema es que él decidió que no era el último segundo. Y ahí radica su última lección: Tu decides cuándo es tu punto y final.
Porque esta vez no fallará. Porque esta vez ganará. Porque él decide cuándo y cómo es el final.
Eres el más grande de todos los tiempos: GRACIAS TIM DUNCAN.
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martes, 25 de febrero de 2014
Contigo aprendí
Contigo aprendí...
Que las personas pueden utilizar a otras personas. Que los pájaros pueden estar viviendo bajo la protección de las ramas de un árbol pero no derramarán ni una lágrima cuando su tronco sea talado. Aprendí que el egoísmo no es pensar en uno mismo, es no agradecer lo que otros te dan. Que siempre existirán personas para los que eres un medio y no un fin. Que nunca serás la colina pero sí el trampolín para subir a otro techo.
Contigo aprendí...
Qué es el miedo. El miedo puede hacer que veas el día más bonito como el fin del mundo. Aprendí que uno tiene que tener cuidado con vivir en la penuria pues uno puede llegar a ser tan dependiente de ella que puede renunciar a la felicidad. Aprendí que uno puede ser dependiente de un "hola", "te quiero" o una última conexión. Aprendí que uno puede llegar a renunciar a sus sueños por miedo a alcanzarlos.
Contigo aprendí...
Que uno puede llamar "amor" a una persona tras haber compartido pasión, lujuria y deseo con otra persona la noche anterior. Que se puede mirar a los ojos de una persona sabiendo que la mientes. Que se puede ser conformista sólo por el hecho de no querer quedarse solo. Qué significa "un clavo saca otro clavo".
Contigo aprendí...
Que la amistad es como el hielo: si sobrepasa una temperatura se derrite. Que derretirla es bajar por el ascensor mientras que volver a enfriarla implica subir por las escaleras. Que cuando eres capaz de fundirte las miradas ya no son iguales porque tu mirada tiene algo mía y la mía algo tuyo. Que uno es esclavo cuando mira con antifaz el futuro.
Pero contigo aprendí...
Que sólo un tipo de personas pueden querer a otro tipo de personas.
Que esas personas no son tréboles de cuatro hojas ; no son la gema más preciosa.
Que esas personas son un grano de arena insignificante que se esconde en el desierto ; son gotas de agua que forman parte del océano.
Que existen personas que pueden desaparecer de tu vida para convertirse en tus lágrimas y recordarte aquello que un día te susurraron al oído.
Gracias.
Que las personas pueden utilizar a otras personas. Que los pájaros pueden estar viviendo bajo la protección de las ramas de un árbol pero no derramarán ni una lágrima cuando su tronco sea talado. Aprendí que el egoísmo no es pensar en uno mismo, es no agradecer lo que otros te dan. Que siempre existirán personas para los que eres un medio y no un fin. Que nunca serás la colina pero sí el trampolín para subir a otro techo.
Contigo aprendí...
Qué es el miedo. El miedo puede hacer que veas el día más bonito como el fin del mundo. Aprendí que uno tiene que tener cuidado con vivir en la penuria pues uno puede llegar a ser tan dependiente de ella que puede renunciar a la felicidad. Aprendí que uno puede ser dependiente de un "hola", "te quiero" o una última conexión. Aprendí que uno puede llegar a renunciar a sus sueños por miedo a alcanzarlos.
Contigo aprendí...
Que uno puede llamar "amor" a una persona tras haber compartido pasión, lujuria y deseo con otra persona la noche anterior. Que se puede mirar a los ojos de una persona sabiendo que la mientes. Que se puede ser conformista sólo por el hecho de no querer quedarse solo. Qué significa "un clavo saca otro clavo".
Contigo aprendí...
Que la amistad es como el hielo: si sobrepasa una temperatura se derrite. Que derretirla es bajar por el ascensor mientras que volver a enfriarla implica subir por las escaleras. Que cuando eres capaz de fundirte las miradas ya no son iguales porque tu mirada tiene algo mía y la mía algo tuyo. Que uno es esclavo cuando mira con antifaz el futuro.
Pero contigo aprendí...
Que sólo un tipo de personas pueden querer a otro tipo de personas.
Que esas personas no son tréboles de cuatro hojas ; no son la gema más preciosa.
Que esas personas son un grano de arena insignificante que se esconde en el desierto ; son gotas de agua que forman parte del océano.
Que existen personas que pueden desaparecer de tu vida para convertirse en tus lágrimas y recordarte aquello que un día te susurraron al oído.
Gracias.
domingo, 23 de febrero de 2014
Adiós
No salir un sábado te permite disfrutar la mañana de un domingo y lo bueno de vivir en España es que esa mañana dominguera puede coincidir con la primera salida del sol en mucho tiempo para poder disfrutar de un agradable paseo.
Además, lo bueno de vivir en Alcalá de Henares es que te permite darte una vuelta como si fueras un turista y visitar la cantidad de historia que guarda la Ciudad para darte cuenta, una vez más, de su grandeza. Por ejemplo, hoy me he enterado que fue en el Palacio Arzobispal donde se reunió por primera vez Cristóbal Colón con Isabel por lo que América también nos debe un poquito a los alcalaínos. ¡Genial!
También te vale para ir colocando un poco tus pensamientos en la cabeza mientras paseas. Vas cruzándote con historias distintas, desde el niño que corretea por el parque que tú correteabas cuando eras un niño al anciano que sentado en la Plaza Cervantes solo mira y observa. Nada más.
Y te das cuenta que, como la frase dice, en una vida hay muchas vidas. Y que dentro del mismo cuerpo has sido un bebe, un niño, un adolescente, un joven y ahora un adulto. Mientras tanto, fuiste un estudiante, un futbolista, un reponedor, un amigo de un amigo, un chico especial para una chica o un trabajador de aquí o de allí.
A veces no se trata de ser el protagonista de la película y uno no sabe si hacer o dejar de hacer. Lo que sí empieza a darse cuenta uno es que quizás no es tan importante qué papel juegues en una u otra situación sino que lo realmente relevante es si tú has decidido ser ese papel. Para ello debes darte cuenta si realmente nadas hacia un objetivo o te lleva la corriente. Y, bajo mi punta de vista, es complicado.
Sin embargo existen mañanas de domingo que te ayudan a pensar, tardes de domingo que te ayudan a comprender y noches de domingo que te ayudan a decidir.
La conclusión es que una vida termina justo cuando la paciencia termina. Cuando marcas un hasta aquí. Cuando trazas una frontera a esa vida. Es entonces cuando, llegado a la frontera, cargas tu pasaporte, cargas las maletas y decides transformar tus pensamientos en recuerdos.
Quizás el dicho "la paciencia todo lo alcanza" va más allá de saber sufrir. Quizás sólo consiste en transformar heridas en cicatrices. Quizás sólo sea saber decir una de las palabras más dolorosas del mundo:
Adiós.
Además, lo bueno de vivir en Alcalá de Henares es que te permite darte una vuelta como si fueras un turista y visitar la cantidad de historia que guarda la Ciudad para darte cuenta, una vez más, de su grandeza. Por ejemplo, hoy me he enterado que fue en el Palacio Arzobispal donde se reunió por primera vez Cristóbal Colón con Isabel por lo que América también nos debe un poquito a los alcalaínos. ¡Genial!
También te vale para ir colocando un poco tus pensamientos en la cabeza mientras paseas. Vas cruzándote con historias distintas, desde el niño que corretea por el parque que tú correteabas cuando eras un niño al anciano que sentado en la Plaza Cervantes solo mira y observa. Nada más.
Y te das cuenta que, como la frase dice, en una vida hay muchas vidas. Y que dentro del mismo cuerpo has sido un bebe, un niño, un adolescente, un joven y ahora un adulto. Mientras tanto, fuiste un estudiante, un futbolista, un reponedor, un amigo de un amigo, un chico especial para una chica o un trabajador de aquí o de allí.
A veces no se trata de ser el protagonista de la película y uno no sabe si hacer o dejar de hacer. Lo que sí empieza a darse cuenta uno es que quizás no es tan importante qué papel juegues en una u otra situación sino que lo realmente relevante es si tú has decidido ser ese papel. Para ello debes darte cuenta si realmente nadas hacia un objetivo o te lleva la corriente. Y, bajo mi punta de vista, es complicado.
Sin embargo existen mañanas de domingo que te ayudan a pensar, tardes de domingo que te ayudan a comprender y noches de domingo que te ayudan a decidir.
La conclusión es que una vida termina justo cuando la paciencia termina. Cuando marcas un hasta aquí. Cuando trazas una frontera a esa vida. Es entonces cuando, llegado a la frontera, cargas tu pasaporte, cargas las maletas y decides transformar tus pensamientos en recuerdos.
Quizás el dicho "la paciencia todo lo alcanza" va más allá de saber sufrir. Quizás sólo consiste en transformar heridas en cicatrices. Quizás sólo sea saber decir una de las palabras más dolorosas del mundo:
Adiós.
lunes, 3 de febrero de 2014
El talento bajo sospecha
Desde el pasado fin de semana hasta hoy han pasado 4 hechos que pese a su individualidad me han hecho generar una reflexión colectiva. Estos hechos han sido la muerte del gran Luis Aragonés, la también muerte de Philip Seymour Hoffman, la noticia de la detención del medallista olímpico Ian Thorpe después de ir completamente borracho por la calle y el visionado de la película El Consejero de Ridley Scott con participación de Bardem y Penélope Cruz entre otros.
Con El Consejero reflexioné acerca de la profunda naturaleza humana de la especie. Sin desvelar nada de la trama, es una película compleja con diálogos profundos y llenos de dobles intenciones pero que te dan una terrible reflexión final: seguimos siendo animales. Somos una especie "diseñada" para dominar, ser los mejores y prevalecer sobre el resto. Una ambición desmedida que ha aprendido a comprender que para mantener su hegemonía es necesario un Status Quo tan complejo que su compresión parezca la mayor surrealidad posible. Quizás un ejemplo aprendido del diablo que como reza la leyenda "su mejor truco fue hacer creer a todos que nunca había existido".
En el mantenimiento de ese Status Quo complejo el talento no juega el papel que debería jugar y aquí es donde yace mi mayor reflexión. Philip Seymour o Ian Thorpe son gente con un talento más que demostrado pero que, pudiendo aportar, se han visto ahogados en su propia genialidad hasta verse abocados a escoger el camino que les baja del cielo y los devuelve a la tierra para ser comparados de tú a tú, de igual a igual, con gente mediocre.
Es simple: el talento jamás debe estar al servicio de la sociedad. Es una afirmación rara y distinta pero es en lo que creo: es la sociedad la que tiene que estar al servicio del talento.
Utilizaré un ejemplo deportivo. ¿Se imaginan que a Michael Jordan le hubieran dicho: "Tú eres uno más y pese a tu talento debes actuar como uno más por lo que debes tirar lo mismo que los demás, asistir lo mismo que los demás y jugar lo mismo que los demás"? Eso sería poner el talento al servicio de la sociedad. Sin embargo para conseguir la victoria la realidad es que necesitas que Michael Jordan actúe más que los demás, que juegue más que los demás, que tire más que los demás y que gane más que los demás. Porque es superior a los demás. Simple y directo.
La gente utiliza el "nadie gana solo" para minimizar el impacto del talento individual y aunque es parte en cierto la realidad es que los escuderos de Jordan jamás hubieran ganado nada si Jordan hubiese sido utilizado como un escudero más y no se hubiese puesto todo un sistema en torno a una figura relevante y distinta.
Bien, hasta ahí el ejemplo de por qué es la sociedad y el sistema el que debe ponerse al servicio de la sociedad. Pero, ¿realmente sucede esto? Para nada. Desde los inicios toda influencia recibida te bombardea con mensajes de igualdad, todos somos iguales y todos tenemos los mismos derechos. Pero no, todos no somos iguales. Al contrario, todos somos distintos y donde debiera encontrarse una influencia individual que haga llevar tu talento hasta límites desconocidos sólo encuentras barreras y caminos ya trazados que te dicen donde llevarte.
Esto crea un problema. Pues el distinto chirria. Molesta. Y si tiene capacidad para influenciar molesta aún más. En el país de los tuertos el que naciese con dos ojos sería mal visto. No sería visto como una evolución positiva. Sería visto como una amenaza para el Status Quo de los tuertos por lo que tras una influencia masiva a base de impacto acabaría muerto o arrancándose él mismo el ojo con la única finalidad de encajar. El Status Quo no permite asperezas.
¿Crees que no estás influenciado? ¿Qué tienes capacidad para elegir? Dime entonces, ¿por qué hablas ese idioma y no otro? ¿Por qué vistes así y no de otro modo? ¿Por qué te gusta esa carne y no esa otra? ¿Por qué tienes esas costumbres y no esas otras? Lamentablemente la mediocridad es fácilmente alimentada por la influencia.
El talento, en ocasiones sí y en ocasiones no, escapa a esta influencia. Ellos lo saben pero saben que las probabilidad de supervivencia son pocas y además este talento se puede utilizar a través de dos vías: monetizándolo y generando esperanza. ¿Cuánto dinero se gana con fenómenos como Justin Bieber, o ese actor conocido, o ese deportista conocido? Pero no sólo eso, ¿Cuánta esperanza generan ese Justin Bieber, ese actor conocido o ese deportista conocido en los demás para ilusionarles con que ellos pueden ser justamente aquello que vanaglorian?
Puesta toda esta maquinaria en marcha, vemos como la gran mayoría de esos talentos tras un éxtasis de mayor o menor magnitud terminan diluyéndose sino acabando de mal manera pues el talento no fue regado como debería haberlo hecho y eso convierte a los héroes del pueblo en juguetes rotos. Pero donde la gente ve juguetes rotos yo veo obsolescencia programada. Ayer fueron los Backstreet Boys, hoy es Justin Bieber y mañana Dios dirá. Aparecerán e irán pasando héroes que monetizar y que crearán esperanzas pero el Status Quo tiene una arma de destrucción masiva: "o mueres como un heróe o vives lo suficiente para convertirte en un villano".
Ambas opciones gestionan el talento para mantenerlo dentro de unos valores de influencia sostenibles de tal modo que el 1% que escapa al Status Quo acaba convirtiéndose en un villano o bailando con la muerte y el 0.000001% que es capaz de escapar a todo carece de capacidad para influenciar a todos. Pues Justin Bieber sólo influencia a los adolescentes mientras que los veteranos lo miran con repugnancia y Mandela toca los corazones de todos los veteranos mientras los jóvenes escriben de su grandeza sin llegar a ser capaces de comprenderla.
Y aquí es donde entra Luis Aragonés. Una persona que nos enseñó algo: Nada es imposible. Convirtió a una selección en un equipo convencido de la victoria. No les dijo qué camino coger, no les dijo a dónde tenían que ir. Sólo les dijo que se podía y ellos encontraron el camino.
El Status Quo siempre mantendrá el talento bajo sospecha. Sabe que los talentosos son su mayor amenaza y su mayor necesidad para mantener a la plebe. Contra eso nos enfrentamos los mediocres que somos influenciados y que, pese a quejarnos día tras día, colaboramos para mantener el Status Quo.
Sin embargo te invito a que hagas una locura: supera todas las barreras, piensa en grande, siéntete capaz de todo, expande los límites tanto como puedes y como dice el anuncio: Simplemente haz aquello que no puede hacerse. Eso te convertirá en el 1% pero por favor, cuando llegues a ese nivel, ruego hagas una cosa: "vive como un héroe y muere como un villano, un héroe para la sociedad y un villano para el Status Quo".
Con El Consejero reflexioné acerca de la profunda naturaleza humana de la especie. Sin desvelar nada de la trama, es una película compleja con diálogos profundos y llenos de dobles intenciones pero que te dan una terrible reflexión final: seguimos siendo animales. Somos una especie "diseñada" para dominar, ser los mejores y prevalecer sobre el resto. Una ambición desmedida que ha aprendido a comprender que para mantener su hegemonía es necesario un Status Quo tan complejo que su compresión parezca la mayor surrealidad posible. Quizás un ejemplo aprendido del diablo que como reza la leyenda "su mejor truco fue hacer creer a todos que nunca había existido".
En el mantenimiento de ese Status Quo complejo el talento no juega el papel que debería jugar y aquí es donde yace mi mayor reflexión. Philip Seymour o Ian Thorpe son gente con un talento más que demostrado pero que, pudiendo aportar, se han visto ahogados en su propia genialidad hasta verse abocados a escoger el camino que les baja del cielo y los devuelve a la tierra para ser comparados de tú a tú, de igual a igual, con gente mediocre.
Es simple: el talento jamás debe estar al servicio de la sociedad. Es una afirmación rara y distinta pero es en lo que creo: es la sociedad la que tiene que estar al servicio del talento.
Utilizaré un ejemplo deportivo. ¿Se imaginan que a Michael Jordan le hubieran dicho: "Tú eres uno más y pese a tu talento debes actuar como uno más por lo que debes tirar lo mismo que los demás, asistir lo mismo que los demás y jugar lo mismo que los demás"? Eso sería poner el talento al servicio de la sociedad. Sin embargo para conseguir la victoria la realidad es que necesitas que Michael Jordan actúe más que los demás, que juegue más que los demás, que tire más que los demás y que gane más que los demás. Porque es superior a los demás. Simple y directo.
La gente utiliza el "nadie gana solo" para minimizar el impacto del talento individual y aunque es parte en cierto la realidad es que los escuderos de Jordan jamás hubieran ganado nada si Jordan hubiese sido utilizado como un escudero más y no se hubiese puesto todo un sistema en torno a una figura relevante y distinta.
Bien, hasta ahí el ejemplo de por qué es la sociedad y el sistema el que debe ponerse al servicio de la sociedad. Pero, ¿realmente sucede esto? Para nada. Desde los inicios toda influencia recibida te bombardea con mensajes de igualdad, todos somos iguales y todos tenemos los mismos derechos. Pero no, todos no somos iguales. Al contrario, todos somos distintos y donde debiera encontrarse una influencia individual que haga llevar tu talento hasta límites desconocidos sólo encuentras barreras y caminos ya trazados que te dicen donde llevarte.
Esto crea un problema. Pues el distinto chirria. Molesta. Y si tiene capacidad para influenciar molesta aún más. En el país de los tuertos el que naciese con dos ojos sería mal visto. No sería visto como una evolución positiva. Sería visto como una amenaza para el Status Quo de los tuertos por lo que tras una influencia masiva a base de impacto acabaría muerto o arrancándose él mismo el ojo con la única finalidad de encajar. El Status Quo no permite asperezas.
¿Crees que no estás influenciado? ¿Qué tienes capacidad para elegir? Dime entonces, ¿por qué hablas ese idioma y no otro? ¿Por qué vistes así y no de otro modo? ¿Por qué te gusta esa carne y no esa otra? ¿Por qué tienes esas costumbres y no esas otras? Lamentablemente la mediocridad es fácilmente alimentada por la influencia.
El talento, en ocasiones sí y en ocasiones no, escapa a esta influencia. Ellos lo saben pero saben que las probabilidad de supervivencia son pocas y además este talento se puede utilizar a través de dos vías: monetizándolo y generando esperanza. ¿Cuánto dinero se gana con fenómenos como Justin Bieber, o ese actor conocido, o ese deportista conocido? Pero no sólo eso, ¿Cuánta esperanza generan ese Justin Bieber, ese actor conocido o ese deportista conocido en los demás para ilusionarles con que ellos pueden ser justamente aquello que vanaglorian?
Puesta toda esta maquinaria en marcha, vemos como la gran mayoría de esos talentos tras un éxtasis de mayor o menor magnitud terminan diluyéndose sino acabando de mal manera pues el talento no fue regado como debería haberlo hecho y eso convierte a los héroes del pueblo en juguetes rotos. Pero donde la gente ve juguetes rotos yo veo obsolescencia programada. Ayer fueron los Backstreet Boys, hoy es Justin Bieber y mañana Dios dirá. Aparecerán e irán pasando héroes que monetizar y que crearán esperanzas pero el Status Quo tiene una arma de destrucción masiva: "o mueres como un heróe o vives lo suficiente para convertirte en un villano".
Ambas opciones gestionan el talento para mantenerlo dentro de unos valores de influencia sostenibles de tal modo que el 1% que escapa al Status Quo acaba convirtiéndose en un villano o bailando con la muerte y el 0.000001% que es capaz de escapar a todo carece de capacidad para influenciar a todos. Pues Justin Bieber sólo influencia a los adolescentes mientras que los veteranos lo miran con repugnancia y Mandela toca los corazones de todos los veteranos mientras los jóvenes escriben de su grandeza sin llegar a ser capaces de comprenderla.
Y aquí es donde entra Luis Aragonés. Una persona que nos enseñó algo: Nada es imposible. Convirtió a una selección en un equipo convencido de la victoria. No les dijo qué camino coger, no les dijo a dónde tenían que ir. Sólo les dijo que se podía y ellos encontraron el camino.
El Status Quo siempre mantendrá el talento bajo sospecha. Sabe que los talentosos son su mayor amenaza y su mayor necesidad para mantener a la plebe. Contra eso nos enfrentamos los mediocres que somos influenciados y que, pese a quejarnos día tras día, colaboramos para mantener el Status Quo.
Sin embargo te invito a que hagas una locura: supera todas las barreras, piensa en grande, siéntete capaz de todo, expande los límites tanto como puedes y como dice el anuncio: Simplemente haz aquello que no puede hacerse. Eso te convertirá en el 1% pero por favor, cuando llegues a ese nivel, ruego hagas una cosa: "vive como un héroe y muere como un villano, un héroe para la sociedad y un villano para el Status Quo".
martes, 28 de enero de 2014
Dame un silbidito
Cómo puedes pedir que el mundo avance si no te mueves.
Cubierto por la oscuridad, la noche proporciona más calor que la que los rayos solares pueden darte pues somos muchos los que, incluso en verano, queremos dormir arropados. Tener esa sensación que no estamos desnudos y expuestos ante el mundo. Que siempre quedará algo que nos abrace en una noche de soledad.
Deberías preguntarte si vives realmente la vida que quieres vivir o la que te dejan. Si realmente bebes la ginebra que quieres o te conformas con la que tienen en el bar. El conformismo es la línea que une el yin y el yan. Aquel que entre locura y cordura se mantiene impasible. El cielo estrellado que siempre tenemos encima pero que decidimos darle un sentido, una historia, uniendo mediante líneas imaginarias puntos inertes del universo para proporcionarles forma y un fondo de héroe o villano, gloria o fracaso.
El conformismo es alimentado por el miedo. Aquello que odiabas lo amas, aquello que no era bonito ahora parece serlo, aquello que nunca harías ahora no está tan mal. Lo que considerabas un albergue ahora es la mansión de tu vida y allí de donde tus oraciones rogaban salir noche tras noche han pasado a pedir que nadie te mueva.
Mientras, el mundo gira y aquello que a tus ojos parecía feo ahora da gusto mirarlo, aquello cuyo hedor te repugnaba ahora te parece la fragancia perfecta, aquello que te sabía amargo se convirtió en dulce, aquello que era áspero paso a ser suave y aquella canción que odiabas se convirtió en el himno de tu vida. Pero nada cambió. Los actores son lo mismo pero la comedia ya no te hace tanta risa.
Los sentidos no sienten, sólo proporcionan información y te dicen como Ana Pastor: estos son los datos y suyas las conclusiones.
Entra en juego tu percepción. Algo de lo que jamás oíste hablar pero que es la responsable de que ya no seas quien eras. Una percepción que, aún latente, está tan famélica que requiere de un esfuerzo de constancia y sacrificio que ya no estás dispuesto a soportar.
Recuperar la percepción requiere subir por escaleras pero tu autoconvencimiento te dice que para qué demonios entonces se inventó el ascensor. Que llegarás más rápido al mismo sitio, que no merece la pena, si bien la realidad es que ganarás 30 segundos que únicamente te permitirán pensar en algo que alimente tu conformismo mientras que el camino de escalón a escalón, tortuoso, pesado y poco agradecido, te hace pensar por qué merece la pena subir uno más.
Un futuro poderoso que siempre socavará el pasado.
Al menos siempre te quedará esa canción que te recordará quién fuiste una vez y que tu percepción atada a sus cadenas tatarea noche tras noche esperando que despierte en ti esa piel de gallina que tus sentidos, obediente al nuevo régimen, son incapaces de controlar.
Una percepción que sólo te pide una cosa para poder sobrevivir:
Dame un silbidito...
Cubierto por la oscuridad, la noche proporciona más calor que la que los rayos solares pueden darte pues somos muchos los que, incluso en verano, queremos dormir arropados. Tener esa sensación que no estamos desnudos y expuestos ante el mundo. Que siempre quedará algo que nos abrace en una noche de soledad.
Deberías preguntarte si vives realmente la vida que quieres vivir o la que te dejan. Si realmente bebes la ginebra que quieres o te conformas con la que tienen en el bar. El conformismo es la línea que une el yin y el yan. Aquel que entre locura y cordura se mantiene impasible. El cielo estrellado que siempre tenemos encima pero que decidimos darle un sentido, una historia, uniendo mediante líneas imaginarias puntos inertes del universo para proporcionarles forma y un fondo de héroe o villano, gloria o fracaso.
El conformismo es alimentado por el miedo. Aquello que odiabas lo amas, aquello que no era bonito ahora parece serlo, aquello que nunca harías ahora no está tan mal. Lo que considerabas un albergue ahora es la mansión de tu vida y allí de donde tus oraciones rogaban salir noche tras noche han pasado a pedir que nadie te mueva.
Mientras, el mundo gira y aquello que a tus ojos parecía feo ahora da gusto mirarlo, aquello cuyo hedor te repugnaba ahora te parece la fragancia perfecta, aquello que te sabía amargo se convirtió en dulce, aquello que era áspero paso a ser suave y aquella canción que odiabas se convirtió en el himno de tu vida. Pero nada cambió. Los actores son lo mismo pero la comedia ya no te hace tanta risa.
Los sentidos no sienten, sólo proporcionan información y te dicen como Ana Pastor: estos son los datos y suyas las conclusiones.
Entra en juego tu percepción. Algo de lo que jamás oíste hablar pero que es la responsable de que ya no seas quien eras. Una percepción que, aún latente, está tan famélica que requiere de un esfuerzo de constancia y sacrificio que ya no estás dispuesto a soportar.
Recuperar la percepción requiere subir por escaleras pero tu autoconvencimiento te dice que para qué demonios entonces se inventó el ascensor. Que llegarás más rápido al mismo sitio, que no merece la pena, si bien la realidad es que ganarás 30 segundos que únicamente te permitirán pensar en algo que alimente tu conformismo mientras que el camino de escalón a escalón, tortuoso, pesado y poco agradecido, te hace pensar por qué merece la pena subir uno más.
Un futuro poderoso que siempre socavará el pasado.
Al menos siempre te quedará esa canción que te recordará quién fuiste una vez y que tu percepción atada a sus cadenas tatarea noche tras noche esperando que despierte en ti esa piel de gallina que tus sentidos, obediente al nuevo régimen, son incapaces de controlar.
Una percepción que sólo te pide una cosa para poder sobrevivir:
Dame un silbidito...
lunes, 16 de diciembre de 2013
Influencia
"¿Cuál es el parásito más resistente? ¿Una bacteria? ¿Un virus? ¿Una tenia intestinal?
Una idea. Resistente. Altamente contagiosa. Una vez que una idea se ha apoderado del cerebro es casi imposible erradicarla."
Origen (Cristopher Nolan)
Los pensamientos y las ideas mueven el mundo. Somos seres que aún nos desconocemos a nosotros mismos. El cerebro es, sin lugar a dudas, el mayor misterio de la humanidad.
¿Cómo somos capaces de sentir algo que aún no hemos padecido? ¿Cómo somos capaces de soñar? ¿Cómo somos capaces de recordar? Es fascinante.
El problema es que, o no se quiere, o nadie ha profundizado lo suficiente como para hacer de él una herramienta implacable de ayuda a la persona. Comparo al cerebro con el sol: uno debe mantenerse lo suficiente lejos de él para no quemarse y lo suficientemente cerca para no morir helado.
Pero volvamos al principio. El cerebro recibe a lo largo del día, la semana, el mes, cantidades ingentes de información. Demasiada para ser asimilada. Demasiada para poder reflexionar. Demasiada para poder determinar qué queremos hacer.
Toda idea o pensamiento tiene un periodo de maduración. No basta con introducirlo y esperar a que crezca. Uno tiene que ser constante con él, no debe distraerse y debe regarlo para mantenerlo con vida. No deja de ser algo etéreo pero que con el esfuerzo determinado puede transformarse en algo tangible.
Ahora bien, ellos lo saben. Saben que todos y cada uno de nosotros somos potenciales de ser aquello que deseamos ser. Únicamente tenemos un error: no lo sabemos. Y peor aún: no debemos saberlo.
¿Cómo evitar que un pensamiento madure y permanezca el tiempo suficiente en nuestro cerebro para germinar? Sencillo: inundando el cerebro de más pensamientos. De ideas, comentarios, críticas, opiniones, noticias, reflexiones, valoraciones... una mezcla perfecta que le mantenga distraído.
LeBron James ganó su primer anillo en 2012. Previo a ello, había perdido dos finales, en 2007 y en 2011. En ambas finales la presión de los medios de comunicación, la afición, el "entorno"... era de un nivel máximo. ¿Sabéis lo que hizo LeBron en 2012? Días antes de la final desconecto su perfil de twitter y durante todos los días que duró la final estuvo alejado de televisión, radio o internet.
Nada le influía. Sólo vivía su realidad. Una realidad obsesionada con un único propósito: ganar el anillo. Y funcionó.
Somos demasiado influenciables. Nuestro estado de ánimo rebota desde la tristeza a la felicidad en segundos con una canción, una sonrisa, una noticia o un mensaje de wassap. Recibimos demasiada información y nuestra buena energía al levantarnos puede desaparecer sólo con levantarse y ver las noticias en twitter, los comentarios del vecino, la tertulia en la radio, la foto en portada del periódico, la cara de tu compañero, el malestar del proveedor... todo ajeno a ti.
La asignatura más importante que uno puede tener y el consejo que más puede valer a una persona es este: Evita las influencias. Vive tu realidad.
Sólo cuando estás dispuesto a morir por algo es cuando realmente tienes la posibilidad de tocarlo. ¿No vale la pena luchar por aquello que se está dispuesto a morir?
Una idea. Resistente. Altamente contagiosa. Una vez que una idea se ha apoderado del cerebro es casi imposible erradicarla."
Origen (Cristopher Nolan)
Los pensamientos y las ideas mueven el mundo. Somos seres que aún nos desconocemos a nosotros mismos. El cerebro es, sin lugar a dudas, el mayor misterio de la humanidad.
¿Cómo somos capaces de sentir algo que aún no hemos padecido? ¿Cómo somos capaces de soñar? ¿Cómo somos capaces de recordar? Es fascinante.
El problema es que, o no se quiere, o nadie ha profundizado lo suficiente como para hacer de él una herramienta implacable de ayuda a la persona. Comparo al cerebro con el sol: uno debe mantenerse lo suficiente lejos de él para no quemarse y lo suficientemente cerca para no morir helado.
Pero volvamos al principio. El cerebro recibe a lo largo del día, la semana, el mes, cantidades ingentes de información. Demasiada para ser asimilada. Demasiada para poder reflexionar. Demasiada para poder determinar qué queremos hacer.
Toda idea o pensamiento tiene un periodo de maduración. No basta con introducirlo y esperar a que crezca. Uno tiene que ser constante con él, no debe distraerse y debe regarlo para mantenerlo con vida. No deja de ser algo etéreo pero que con el esfuerzo determinado puede transformarse en algo tangible.
Ahora bien, ellos lo saben. Saben que todos y cada uno de nosotros somos potenciales de ser aquello que deseamos ser. Únicamente tenemos un error: no lo sabemos. Y peor aún: no debemos saberlo.
¿Cómo evitar que un pensamiento madure y permanezca el tiempo suficiente en nuestro cerebro para germinar? Sencillo: inundando el cerebro de más pensamientos. De ideas, comentarios, críticas, opiniones, noticias, reflexiones, valoraciones... una mezcla perfecta que le mantenga distraído.
LeBron James ganó su primer anillo en 2012. Previo a ello, había perdido dos finales, en 2007 y en 2011. En ambas finales la presión de los medios de comunicación, la afición, el "entorno"... era de un nivel máximo. ¿Sabéis lo que hizo LeBron en 2012? Días antes de la final desconecto su perfil de twitter y durante todos los días que duró la final estuvo alejado de televisión, radio o internet.
Nada le influía. Sólo vivía su realidad. Una realidad obsesionada con un único propósito: ganar el anillo. Y funcionó.
Somos demasiado influenciables. Nuestro estado de ánimo rebota desde la tristeza a la felicidad en segundos con una canción, una sonrisa, una noticia o un mensaje de wassap. Recibimos demasiada información y nuestra buena energía al levantarnos puede desaparecer sólo con levantarse y ver las noticias en twitter, los comentarios del vecino, la tertulia en la radio, la foto en portada del periódico, la cara de tu compañero, el malestar del proveedor... todo ajeno a ti.
La asignatura más importante que uno puede tener y el consejo que más puede valer a una persona es este: Evita las influencias. Vive tu realidad.
Sólo cuando estás dispuesto a morir por algo es cuando realmente tienes la posibilidad de tocarlo. ¿No vale la pena luchar por aquello que se está dispuesto a morir?
jueves, 21 de noviembre de 2013
La Burbuja
¿Qué es una burbuja?
Una
burbuja es aquel elemento que sin racionalidad aparente comienza a tomar un
comportamiento ascendente sin que el resto de factores asociados al mismo
tengan el mismo comportamiento.
Un
valiente, uno de los que va a pecho descubierto por la vida y piensa: "no
necesito a nada ni a nadie más". Tienen la vida corta. No asumen que todo se vale de
todo. Porque el mundo, más anciano y sabio, se adapta, y es más fácil que, frente a un cambio, un conjunto se organice
de forma más rápida que un individuo. Una manada de vete tú a saber qué, tiene
más facilidad para adaptarse a cambios en el entorno que un individuo en
solitario. El orgullo, la vanidad, el éxtasis del triunfo pueden negar la
realidad a la burbuja pero la realidad, paciente, esperará para tenerla en su punto
más alto, álgido, donde se sienta intocable, para demostrarle su completa
vulnerabilidad. Frágil. Subida a lo más alto del cielo y sin manos a las que
agarrarse mientras cae.
¿Cuál
es el problema? Que todos aquellos que alentaban y que pensaban en su aura de
invencibilidad se ven afectados y su inversión, vía monetaria o vía de fe,
provoca una recesión de dinero o de sentimientos. Como la pareja a la que
quieres: das tu confianza, la dejas ser el centro de tu vida y, sin darte
cuenta, comienzas a valorarla a la vez que, inconscientemente, dejas de valorar
tu trabajo, tus amigos, tu familia y hasta esas canciones que hacían pasártelo
bien. La burbuja es una droga. Un droga cara que, no curada a tiempo, puede
llegar a consumirte.
Hoy
la economía padece la burbuja inmobiliaria que fue inflada por todos: bancos,
instituciones públicas, sociedad, etc. Pero lo que más me preocupa es la
burbuja humana pues, aún no nos hemos dado cuenta, que todavía ansiamos volver
a esa época donde todo estaba arficialmente a nuestro alcance. Donde lo
importante estaba en la materialidad y no en los sentimientos.
Una
burbuja que aún está viva, latente, que comenzó cuando probamos la miel del
"todo irá bien" y, a pecho descubierto, se lanzó solitaria sin darse
cuenta que los pequeños detalles, a la larga, pueden tumbar cualquier BMV,
chalet o vacaciones en Nueva York.
lunes, 18 de noviembre de 2013
11 Metros
Bum. El estadio entero rugió como no lo había hecho en toda la noche. Un escalofrío recorrió todo su interior hasta parecer que su alma salía de su cuerpo. Su compañero lo había logrado, había detenido el penalti. Dos segundos después un golpe en la espalda y un pequeño apretón sobre su hombro le devolvía a la realidad: le tocaba. No era un turno cualquiera. Era EL TURNO.
Unos 50 metros le separaban de la zona donde en unos dos, quizás tres minutos, su vida cambiaría. Tomo aire, cruzó la mirada con un par de compañeros a los que ni siquiera llegó a escuchar, le valió leer sus labios para saber que le animaban.
Comenzó a andar hacia el punto de penalti y empezó a pensar en su familia. ¿Qué estarían pensando? Sabía que su madre no iba a querer verlo, de hecho era probable que ya no estuviese viendo ni el partido pues no aguantaba los nervios. Su padre estaría observándole, con el miedo de saber que su hijo se enfrentaba a un momento crucial pero con el orgullo de saber que había llegado hasta un punto donde tenía la posibilidad de cambiar el mundo. Su hermana confiaría en él. Se agarraría a su cuñado y pensaría para sí misma: "lo va a meter. Él nunca falla."
Echó un vistazo a la grada y vio a toda una afición gritando su nombre. Dios, podía hacer feliz a mucha gente. Recordó cuando jugaba con sus amigos en las calles de su barrio. Cómo se bajaba el balón para echar unos partidos y cómo corría como un poseso para tocar el larguero y evitar ponerse de portero. Una portería que odiaba y que ahora le esperaba a no más de 40 metros.
Su mente volvió al campo. "No puedo fallar". Se lo repitió varias veces pero recordó que había leído en un libro que todo lo que uno piensa lo atrae. Fallar no era el verbo. "Voy a acertar, lo voy a meter". Durante ese cambio de actitud se cruzó con el rival que venía de enfrentarse al mismo reto. No quería mirarle pero, inevitablemente, cruzó sus ojos y pudo descubrir como el miedo, la responsabilidad, el error o la pena se combinaban en su mirada. No quería tener que pasar por eso.
Se encontraba ya al lado de la portería. Venía lo complicado. ¿Dónde tirar? Él no era un especialista. De hecho no estaba entre los 5 primeros elegidos pero los aciertos y errores de sus compañeros y rivales le habían llevado a esa situación. Normalmente los tiraba a la derecha y abajo. Así lo hizo en el entrenamiento previo al partido y había acertado todos. Sin embargo, había analizado al portero rival y en los dos lanzamientos anteriores se había lanzado a ese sitio. Daba igual, si el lanzamiento era bueno era imposible que lo alcanzara.
Agarró el balón. Miró al portero. El portero lo miró. ¿Sabría lo que estaba pensando? No estaba seguro. El miedo llegó a él. Su pulso se aceleró y los nervios le atenazaban. Recordó un consejo de un ex-compañero: "Si tienes miedo, dispara fuerte y al centro." Podría funcionar. El portero se había tirado en todos los lanzamientos anteriores pero ¿Y si se quedaba parado esta vez? ¿Y si había notado el miedo en su mirada y se imaginaba que haría eso? ¿Y si al pegar fuerte el balón se iba demasiado arriba? No. Dispararía abajo a la derecha. Era la primera opción y no iba a cambiarla.
Colocó el balón en el punto de penalti. Revisó el césped que lo rodeaba. Le vino la mirada de Terry resbalándose en la Final de la Champions y fallando. Todo parecía en orden. "Vamos, vamos" se repitió así mismo.
Tres pasos hacía atrás. Le temblaban las piernas. La respiración era incontrolada. Ni siquiera escuchaba al público. Iría abajo a la derecha. "Voy a acertar". Su padre le estaría mirando. Sus amigos podrían celebrarlo.
El silbido sonó. Dio un paso y miró al portero, luego al balón, luego al portero... pudo comprobar que se vencía a su derecha. ¡Mierda! Lanzaría a la izquierda y arriba. Golpeó. El balón se aceleró. Levantó la mirada. El balón iba justo a la escuadra, se levantó. "Entra", "Mierda, da en el poste". El balón se alejó de su pierna y recorrió 11 metros para dirigirse a un destino que le cambiaría la vida...
¿Qué sucedió? Poco importa.
Si terminó en acierto acabó siendo un héroe. Todo su pasado tendría sentido. Desde el libro que cayó en sus manos con 15 años a ese compañero que le dijo un día que él sería decisivo. Estaba destinado a ello.
Si terminó en fallo la decepción se apoderó de todo su entorno. Saldrán aquellos que clamaban a los cuatro vientos "te lo dije". Criticarían a él por lanzarlo a ese lado, a su entrenador por haberle asignado esa responsabilidad. Saldrán los "especialistas en..." a hablar de cómo debía haberlo lanzado, posición del cuerpo, cómo superar la ansiedad en esos momentos, los que hablen de liderazgo, los que saquen las estadísticas de todo tipo.
¿La realidad? Desde el momento en que su compañero detuvo el penalti una infinidad de variables se pusieron a interactuar unas entre otras dando lugar a un número infinito de impactos con una única verdad: Él era la persona que podía acertar o fallar y había un 50% probabilidades de que acertara o fallara.
Simple. Sencillo. Con un problema. Un razonamiento demasiado pobre para una sociedad que ansía justificaciones, hechos, causas... sumisa a girar indefinidamente en un circulo buscando explicaciones e incapaz de detenerse en su centro para sentir y disfrutar de la incertidumbre.
Unos 50 metros le separaban de la zona donde en unos dos, quizás tres minutos, su vida cambiaría. Tomo aire, cruzó la mirada con un par de compañeros a los que ni siquiera llegó a escuchar, le valió leer sus labios para saber que le animaban.
Comenzó a andar hacia el punto de penalti y empezó a pensar en su familia. ¿Qué estarían pensando? Sabía que su madre no iba a querer verlo, de hecho era probable que ya no estuviese viendo ni el partido pues no aguantaba los nervios. Su padre estaría observándole, con el miedo de saber que su hijo se enfrentaba a un momento crucial pero con el orgullo de saber que había llegado hasta un punto donde tenía la posibilidad de cambiar el mundo. Su hermana confiaría en él. Se agarraría a su cuñado y pensaría para sí misma: "lo va a meter. Él nunca falla."
Echó un vistazo a la grada y vio a toda una afición gritando su nombre. Dios, podía hacer feliz a mucha gente. Recordó cuando jugaba con sus amigos en las calles de su barrio. Cómo se bajaba el balón para echar unos partidos y cómo corría como un poseso para tocar el larguero y evitar ponerse de portero. Una portería que odiaba y que ahora le esperaba a no más de 40 metros.
Su mente volvió al campo. "No puedo fallar". Se lo repitió varias veces pero recordó que había leído en un libro que todo lo que uno piensa lo atrae. Fallar no era el verbo. "Voy a acertar, lo voy a meter". Durante ese cambio de actitud se cruzó con el rival que venía de enfrentarse al mismo reto. No quería mirarle pero, inevitablemente, cruzó sus ojos y pudo descubrir como el miedo, la responsabilidad, el error o la pena se combinaban en su mirada. No quería tener que pasar por eso.
Se encontraba ya al lado de la portería. Venía lo complicado. ¿Dónde tirar? Él no era un especialista. De hecho no estaba entre los 5 primeros elegidos pero los aciertos y errores de sus compañeros y rivales le habían llevado a esa situación. Normalmente los tiraba a la derecha y abajo. Así lo hizo en el entrenamiento previo al partido y había acertado todos. Sin embargo, había analizado al portero rival y en los dos lanzamientos anteriores se había lanzado a ese sitio. Daba igual, si el lanzamiento era bueno era imposible que lo alcanzara.
Agarró el balón. Miró al portero. El portero lo miró. ¿Sabría lo que estaba pensando? No estaba seguro. El miedo llegó a él. Su pulso se aceleró y los nervios le atenazaban. Recordó un consejo de un ex-compañero: "Si tienes miedo, dispara fuerte y al centro." Podría funcionar. El portero se había tirado en todos los lanzamientos anteriores pero ¿Y si se quedaba parado esta vez? ¿Y si había notado el miedo en su mirada y se imaginaba que haría eso? ¿Y si al pegar fuerte el balón se iba demasiado arriba? No. Dispararía abajo a la derecha. Era la primera opción y no iba a cambiarla.
Colocó el balón en el punto de penalti. Revisó el césped que lo rodeaba. Le vino la mirada de Terry resbalándose en la Final de la Champions y fallando. Todo parecía en orden. "Vamos, vamos" se repitió así mismo.
Tres pasos hacía atrás. Le temblaban las piernas. La respiración era incontrolada. Ni siquiera escuchaba al público. Iría abajo a la derecha. "Voy a acertar". Su padre le estaría mirando. Sus amigos podrían celebrarlo.
El silbido sonó. Dio un paso y miró al portero, luego al balón, luego al portero... pudo comprobar que se vencía a su derecha. ¡Mierda! Lanzaría a la izquierda y arriba. Golpeó. El balón se aceleró. Levantó la mirada. El balón iba justo a la escuadra, se levantó. "Entra", "Mierda, da en el poste". El balón se alejó de su pierna y recorrió 11 metros para dirigirse a un destino que le cambiaría la vida...
¿Qué sucedió? Poco importa.
Si terminó en acierto acabó siendo un héroe. Todo su pasado tendría sentido. Desde el libro que cayó en sus manos con 15 años a ese compañero que le dijo un día que él sería decisivo. Estaba destinado a ello.
Si terminó en fallo la decepción se apoderó de todo su entorno. Saldrán aquellos que clamaban a los cuatro vientos "te lo dije". Criticarían a él por lanzarlo a ese lado, a su entrenador por haberle asignado esa responsabilidad. Saldrán los "especialistas en..." a hablar de cómo debía haberlo lanzado, posición del cuerpo, cómo superar la ansiedad en esos momentos, los que hablen de liderazgo, los que saquen las estadísticas de todo tipo.
¿La realidad? Desde el momento en que su compañero detuvo el penalti una infinidad de variables se pusieron a interactuar unas entre otras dando lugar a un número infinito de impactos con una única verdad: Él era la persona que podía acertar o fallar y había un 50% probabilidades de que acertara o fallara.
Simple. Sencillo. Con un problema. Un razonamiento demasiado pobre para una sociedad que ansía justificaciones, hechos, causas... sumisa a girar indefinidamente en un circulo buscando explicaciones e incapaz de detenerse en su centro para sentir y disfrutar de la incertidumbre.
lunes, 4 de noviembre de 2013
Bad Day
Hoy es uno de esos días en los que las palabras salen fáciles. Todo el día tragando y tragando provoca que tengas que expulsarlo, así, del tirón.
Tras ver que el gimnasio se queda cojo, incluso añadiendo baño turco, no queda más remedio que recurrir al teclado y juntar teclas.
Y es que hoy es uno de esos días en los que, si tuviera el botón rojo para destruir a la sociedad, me habría puesto un buen vodka solo, me habría encendido un puro y tras dos caladas bien intensas y con el humo en mis pulmones lo habría apretado.
¿Dónde vamos? No tengo ni puta idea. Y ese es mi problema. Que el reconocer que uno no tiene ni puta idea hace que no seas atractivo para la sociedad. Ser sensato no vende. Ser responsable no vende. Ser cauto no vende.
Vende la palabrería sencilla. Las palabras técnicas que dotan de un aura de conocimiento al que las utiliza y que esconden su ignorancia. Vende la falsa moralidad del lunes. La dignidad de aquel que es amante de los pecados capitales. La sobriedad del traje frente al desprecio a la camiseta.
Y mientras transcurren los días, y uno aprende a navegar en la mierda, seguimos con las orejas bien abiertas, los ojos bien centrados, atendiendo a aquellos que hablan y hablan y que, cuando uno se para a pensarlo bien, te das cuenta que sólo ganan dinero por hablar. Es más jodido aún. Ganan dinero única y exclusivamente por hablarnos.
De este modo tendremos a los que nos hablan del fin del mundo, de los que hablan de fichajes que jamás llegarán a producirse, de los que nos dan soluciones que todo el mundo sabe que no pueden aplicarse pero, mientras tanto, cobran. Recuerda que tú sigues en la mierda.
Cierto es que los vendedores del humo dominan el mundo y se hacen de oro. También es cierto que nosotros les hacemos ricos.
Somos una sociedad perdida. Perdiendo el tiempo consultando a qué hora se acuesta ese que no nos hace ni caso. ¿De verdad lo ves necesario? Perdiendo el tiempo intentando agradar a una sociedad que te hundirá en la mierda cuando sea necesario.
La única conclusión que saco en claro es que sólo despreciando a la sociedad puedes llegar a ocupar los escalones más altos de esta montaña que entre todos hemos montado.
Eso y que esta mierda de texto no servirá para nada pero al menos ya me he desahogado.
P.D: Deja de espiar y como sí que pone mi wassap por si no te has fijado... SÉ FELIZ.
P.D a la P.D: Si me preguntas por quién cojones va lo de espiar es que eres de su misma naturaleza y no has entendido nada de lo que he escrito.
Tras ver que el gimnasio se queda cojo, incluso añadiendo baño turco, no queda más remedio que recurrir al teclado y juntar teclas.
Y es que hoy es uno de esos días en los que, si tuviera el botón rojo para destruir a la sociedad, me habría puesto un buen vodka solo, me habría encendido un puro y tras dos caladas bien intensas y con el humo en mis pulmones lo habría apretado.
¿Dónde vamos? No tengo ni puta idea. Y ese es mi problema. Que el reconocer que uno no tiene ni puta idea hace que no seas atractivo para la sociedad. Ser sensato no vende. Ser responsable no vende. Ser cauto no vende.
Vende la palabrería sencilla. Las palabras técnicas que dotan de un aura de conocimiento al que las utiliza y que esconden su ignorancia. Vende la falsa moralidad del lunes. La dignidad de aquel que es amante de los pecados capitales. La sobriedad del traje frente al desprecio a la camiseta.
Y mientras transcurren los días, y uno aprende a navegar en la mierda, seguimos con las orejas bien abiertas, los ojos bien centrados, atendiendo a aquellos que hablan y hablan y que, cuando uno se para a pensarlo bien, te das cuenta que sólo ganan dinero por hablar. Es más jodido aún. Ganan dinero única y exclusivamente por hablarnos.
De este modo tendremos a los que nos hablan del fin del mundo, de los que hablan de fichajes que jamás llegarán a producirse, de los que nos dan soluciones que todo el mundo sabe que no pueden aplicarse pero, mientras tanto, cobran. Recuerda que tú sigues en la mierda.
Cierto es que los vendedores del humo dominan el mundo y se hacen de oro. También es cierto que nosotros les hacemos ricos.
Somos una sociedad perdida. Perdiendo el tiempo consultando a qué hora se acuesta ese que no nos hace ni caso. ¿De verdad lo ves necesario? Perdiendo el tiempo intentando agradar a una sociedad que te hundirá en la mierda cuando sea necesario.
La única conclusión que saco en claro es que sólo despreciando a la sociedad puedes llegar a ocupar los escalones más altos de esta montaña que entre todos hemos montado.
Eso y que esta mierda de texto no servirá para nada pero al menos ya me he desahogado.
P.D: Deja de espiar y como sí que pone mi wassap por si no te has fijado... SÉ FELIZ.
P.D a la P.D: Si me preguntas por quién cojones va lo de espiar es que eres de su misma naturaleza y no has entendido nada de lo que he escrito.
jueves, 10 de octubre de 2013
Siempre Aún
Aunque aún te recuerdo, ese tiempo que soñaba contigo se marchó y desapareció en mi subconsciente como el hielo que desaparece en una copa, lentamente, pero que sin darte cuenta lo hace y pasa de significar algo básico a verte obligado a buscar otra para sentir lo mismo.
Distinto, cierto, sin embargo la esencia permanece. Esa sensación de algo distinto se convierte en recuerdos de algo similar. No terminas de desaparecer. Siempre hay algo que toma tu apariencia.
Realidad o ficción, es complicado saber o adivinar qué es qué o quién es quién. Dicen que uno es lo que piensa. Que son tus pensamientos los que te guían hacia aquello que realmente deseas, pero si fuera por pensar, te tendría aquí y, sintiéndolo mucho, no te veo por ninguna parte.
Incrédulo de eso que llaman destino, si mis pensamientos importan algo deben darte fuerza. El mundo sabe que importas. Que juegas un papel en este juego llamado vida y que tiene que tener en cuenta que, cuando aletea la mariposa donde tu estás, surge el tornado donde yo estoy.
Ahora bien, pese a todo, la conexión se mantiene. Más allá de conversaciones que no se dan, de miradas que no se cruzan, de caricias que se pierden en la almohada o de besos que se pierden en sueños.
No encontrarás razón para poder entender por qué después de tanto tiempo aún se mantiene. Qué hicimos bien para crearla. Qué hicimos mal para no disfrutarla como se merece.
Amor. Lo que puede que de sentido a la vida pero que, incapaces de entenderlo, preferimos huir de él y refugiarnos en el cobijo de la ignorancia.
Distinto, cierto, sin embargo la esencia permanece. Esa sensación de algo distinto se convierte en recuerdos de algo similar. No terminas de desaparecer. Siempre hay algo que toma tu apariencia.
Realidad o ficción, es complicado saber o adivinar qué es qué o quién es quién. Dicen que uno es lo que piensa. Que son tus pensamientos los que te guían hacia aquello que realmente deseas, pero si fuera por pensar, te tendría aquí y, sintiéndolo mucho, no te veo por ninguna parte.
Incrédulo de eso que llaman destino, si mis pensamientos importan algo deben darte fuerza. El mundo sabe que importas. Que juegas un papel en este juego llamado vida y que tiene que tener en cuenta que, cuando aletea la mariposa donde tu estás, surge el tornado donde yo estoy.
Ahora bien, pese a todo, la conexión se mantiene. Más allá de conversaciones que no se dan, de miradas que no se cruzan, de caricias que se pierden en la almohada o de besos que se pierden en sueños.
No encontrarás razón para poder entender por qué después de tanto tiempo aún se mantiene. Qué hicimos bien para crearla. Qué hicimos mal para no disfrutarla como se merece.
Amor. Lo que puede que de sentido a la vida pero que, incapaces de entenderlo, preferimos huir de él y refugiarnos en el cobijo de la ignorancia.
domingo, 6 de octubre de 2013
824 días
¿Dónde estabas hace 2 años y 3 meses? ¿Eres capaz de recordarlo? ¿Te ha cambiado la vida? ¿Sigues persiguiendo sueños? ¿Alcanzaste las metas que te pusiste en aquellos momentos? Puede que no tengas las respuestas a todas las preguntas pero sí es seguro que no eres la misma persona que hace 824 días. O al menos eso espero.
Si algo critico a la sociedad actual, y en especial a los jóvenes, es la escasa capacidad de sufrimiento y sacrificio personal en la búsqueda y logro de sus objetivos.
La tecnología nos ha aportado tiempo. Tenemos medios de transporte que se desplazan más rápido a través de medios mejor habilitados. Podemos comunicarnos prácticamente de forma instantánea con cualquier persona de cualquier parte del mundo. Podemos informar a todo el mundo de dónde estamos, qué queremos o qué pensamos justo en el momento en el que está sucediendo.
Sin embargo, donde creemos que nos han aportado tiempo, nos equivocamos. Porque el tiempo es imperturbable y los segundos pasan a velocidad constante y precisa por lo que poder hacer Madrid - Alicante en 2 horas y media en AVE, en lugar de hacerlo en 4 horas en coche o en 8 en autobús, no te ahorra tiempo porque estás obligado a padecer el paso del mismo.
Aquí radica la clave. Cómo aprovechar el tiempo. Sacar partido a todo el tiempo que tenemos debería ser la máxima que toda persona debería plantearse. Aprovechar cada segundo que tenemos porque ya no vuelve. ¿Realmente lo hacemos?
El cine y la televisión, no sé si de forma voluntaria o involuntaria, no ayudan a esto en nada. Cuando vemos una película o una serie sólo vemos fragmentos interesantes y relevantes de la vida de los personajes. No vemos cuando están solos, cuando se despiertan por la mañana y se quedan dando vueltas en la cama 5 minutitos más, cuando se van a dormir y tardan en dormirse porque una catarata de pensamientos recorre su cabeza. O cuando están simplemente tomando un café o haciendo la labor monótona de su trabajo y pensando en qué o quién.
Por eso pensamos que es fácil. Y rápido. Recuperar a una persona que has perdido, superar la muerte de un ser querido, formarte para ser aquello que deseas, encontrar a esa persona especial... en definitiva, encontrar aquellos segundos que formarían parte de las escenas de tu película personal.
No somos conscientes que sin esos momentos "vacíos" no tendremos la posibilidad de obtener momentos que "llenar". Pues no es la escena lo que llena esos segundos sino un conjunto de sensaciones y sentimientos que dan forma y sentido a ese momento generados en el "vacío" y que toman forma en "la escena".
824 días... esos son los días que Rafael Nadal tardó en volver a ser número 1 del mundo. 824 días donde nadie vio su recuperación, sus miedos, sus temores, su desesperación, su ilusión, su sacrificio o su disciplina. Pero él fue capaz de poner a todos ellos en una autopista de camino a la cima. Y lo alcanzó.
¿Cuántos días estás dispuesto a soportar tú?
Si algo critico a la sociedad actual, y en especial a los jóvenes, es la escasa capacidad de sufrimiento y sacrificio personal en la búsqueda y logro de sus objetivos.
La tecnología nos ha aportado tiempo. Tenemos medios de transporte que se desplazan más rápido a través de medios mejor habilitados. Podemos comunicarnos prácticamente de forma instantánea con cualquier persona de cualquier parte del mundo. Podemos informar a todo el mundo de dónde estamos, qué queremos o qué pensamos justo en el momento en el que está sucediendo.
Sin embargo, donde creemos que nos han aportado tiempo, nos equivocamos. Porque el tiempo es imperturbable y los segundos pasan a velocidad constante y precisa por lo que poder hacer Madrid - Alicante en 2 horas y media en AVE, en lugar de hacerlo en 4 horas en coche o en 8 en autobús, no te ahorra tiempo porque estás obligado a padecer el paso del mismo.
Aquí radica la clave. Cómo aprovechar el tiempo. Sacar partido a todo el tiempo que tenemos debería ser la máxima que toda persona debería plantearse. Aprovechar cada segundo que tenemos porque ya no vuelve. ¿Realmente lo hacemos?
El cine y la televisión, no sé si de forma voluntaria o involuntaria, no ayudan a esto en nada. Cuando vemos una película o una serie sólo vemos fragmentos interesantes y relevantes de la vida de los personajes. No vemos cuando están solos, cuando se despiertan por la mañana y se quedan dando vueltas en la cama 5 minutitos más, cuando se van a dormir y tardan en dormirse porque una catarata de pensamientos recorre su cabeza. O cuando están simplemente tomando un café o haciendo la labor monótona de su trabajo y pensando en qué o quién.
Por eso pensamos que es fácil. Y rápido. Recuperar a una persona que has perdido, superar la muerte de un ser querido, formarte para ser aquello que deseas, encontrar a esa persona especial... en definitiva, encontrar aquellos segundos que formarían parte de las escenas de tu película personal.
No somos conscientes que sin esos momentos "vacíos" no tendremos la posibilidad de obtener momentos que "llenar". Pues no es la escena lo que llena esos segundos sino un conjunto de sensaciones y sentimientos que dan forma y sentido a ese momento generados en el "vacío" y que toman forma en "la escena".
824 días... esos son los días que Rafael Nadal tardó en volver a ser número 1 del mundo. 824 días donde nadie vio su recuperación, sus miedos, sus temores, su desesperación, su ilusión, su sacrificio o su disciplina. Pero él fue capaz de poner a todos ellos en una autopista de camino a la cima. Y lo alcanzó.
¿Cuántos días estás dispuesto a soportar tú?
martes, 1 de octubre de 2013
Te voy a contar un secreto
Te voy a contar un secreto: eres un/a mierda.
Eres un/a mierda desde el momento en que no eres capaz de luchar por tus sueños. Cuando decides hincar las rodillas, juntar las manos y dejar que te esposen a una vida sin sueños que perseguir, sin felicidad que alcanzar. Cuando decides que nadar contracorriente es mayor esfuerzo que dejarse guiar por la marea.
Eres un/a mierda desde el momento en el que te levantas cada día con una pareja a tu lado a la que has puesto los cuernos y aún sigues escribiéndole que es lo mejor que te ha pasado en la vida o subiendo fotos con esa persona para que el resto vea que eres feliz, que encontraste el amor.
Eres un/a mierda desde el momento en que decidiste considerarte una mierda para resignarte a caer en lo más bajo y someterte a un perdón consentido a una persona que no lo merece sólo por el hecho de que valoras más un abrazo, un beso o un polvo a una humillación, a un desprecio o a una falta de respeto.
Eres un/a mierda cuando enterraste el amor que deseabas simplemente porque te costaba alcanzarlo, no estabas preparad@ o tuviste tanto miedo que no estuviste dispuesto a soportar el gran dolor para poder obtener la gran felicidad. Pensaste que un clavo saca otro clavo pero no te diste cuenta que son los pequeños detalles los que marcan la diferencia y que no es lo mismo volar unas horas que hacer que el tiempo se detenga.
Eres un mierda cuando decidiste criticarnos.
Sí. A aquellos que todavía podemos mirar a los ojos a todo el mundo y decirle la verdad. Aquellos que dormimos con la conciencia tranquila sabiendo que jamás nadie nos podrá reprochar nada. Que fuimos esa persona que más luchamos por ese algo o ese alguien. Porque entendemos el sacrificio como una posibilidad de perder. De gastar todo nuestro tiempo sin recompensa. De aquellos que saben que incluso sin alcanzar la recompensa vale la pena luchar por un minuto más, por una bocanada de aire, por un segundo mirándote a los ojos, acariciándote, besándote o riendo contigo.
Porque esta sociedad acabará con nosotros, más pronto que tarde. Y entonces os quedaréis solos. Vacíos. Viviendo la mentira. Con la cabeza agachada. Con la sonrisa en las fotos. Con los sueños escritos en frases de Facebook.
Y entonces os tendremos que dar las gracias. Pues no hay mayor verdad que una muerte digna y una mayor pena que una vida perdida en la mentira.
Eres un/a mierda desde el momento en que no eres capaz de luchar por tus sueños. Cuando decides hincar las rodillas, juntar las manos y dejar que te esposen a una vida sin sueños que perseguir, sin felicidad que alcanzar. Cuando decides que nadar contracorriente es mayor esfuerzo que dejarse guiar por la marea.
Eres un/a mierda desde el momento en el que te levantas cada día con una pareja a tu lado a la que has puesto los cuernos y aún sigues escribiéndole que es lo mejor que te ha pasado en la vida o subiendo fotos con esa persona para que el resto vea que eres feliz, que encontraste el amor.
Eres un/a mierda desde el momento en que decidiste considerarte una mierda para resignarte a caer en lo más bajo y someterte a un perdón consentido a una persona que no lo merece sólo por el hecho de que valoras más un abrazo, un beso o un polvo a una humillación, a un desprecio o a una falta de respeto.
Eres un/a mierda cuando enterraste el amor que deseabas simplemente porque te costaba alcanzarlo, no estabas preparad@ o tuviste tanto miedo que no estuviste dispuesto a soportar el gran dolor para poder obtener la gran felicidad. Pensaste que un clavo saca otro clavo pero no te diste cuenta que son los pequeños detalles los que marcan la diferencia y que no es lo mismo volar unas horas que hacer que el tiempo se detenga.
Eres un mierda cuando decidiste criticarnos.
Sí. A aquellos que todavía podemos mirar a los ojos a todo el mundo y decirle la verdad. Aquellos que dormimos con la conciencia tranquila sabiendo que jamás nadie nos podrá reprochar nada. Que fuimos esa persona que más luchamos por ese algo o ese alguien. Porque entendemos el sacrificio como una posibilidad de perder. De gastar todo nuestro tiempo sin recompensa. De aquellos que saben que incluso sin alcanzar la recompensa vale la pena luchar por un minuto más, por una bocanada de aire, por un segundo mirándote a los ojos, acariciándote, besándote o riendo contigo.
Porque esta sociedad acabará con nosotros, más pronto que tarde. Y entonces os quedaréis solos. Vacíos. Viviendo la mentira. Con la cabeza agachada. Con la sonrisa en las fotos. Con los sueños escritos en frases de Facebook.
Y entonces os tendremos que dar las gracias. Pues no hay mayor verdad que una muerte digna y una mayor pena que una vida perdida en la mentira.
martes, 16 de julio de 2013
Yo
Sólo yo puedo juzgarme.
Sé qué he hecho bien, qué hecho mal, dónde pude dar más, dónde me sobrepasé, dónde la venganza me dominó, dónde fui demasiado bueno y dónde debí haber sido menos malo.
Ayer era otra persona y mañana no seré el mismo de hoy. La esencia se mantiene y el cuadro presenta los mismos trazos pero lo que hoy hubiese trazado el pincel puede que mañana no llegue a ser planteado. Puede que donde iba a haber rojo haya blanco o bien no haya nada, un espacio que rellenar el próximo día donde otra persona distinta a mí lo haga.
El tipo del espejo mañana se parecerá al tipo de esta noche pero no será el mismo. Mismo continente, diferente contenido. Pues hoy puedo haber encontrado la felicidad, puedo haber entendido la lección que no entendía o simplemente por fin el dolor ya se ha filtrado lo suficiente para convertirse en una cicatriz que forma parte del tipo de ayer y de la que se reirá el tipo de mañana.
Eso nos atormenta. Es difícil ser una persona distinta cada día sobre todo cuando quieres solucionar un problema causado por otra mentalidad con la sabiduría que hoy te dan los días. Llegas a plantearte cómo lo que hoy es insignificante llegó a convertirse en el centro de tu vida y cómo las dudas del futuro nunca llegaron a materializarse pues pasaron los días y días y mientras planteabas una táctica para enfrentarte a tus pensamientos, llegaba la realidad para cambiar las reglas del juego.
Entonces te das cuenta que todo cambia. Que hoy estamos aquí, que mañana podemos estar allí y que el objetivo perseguido puede ser alcanzado o sólo puede ser simplemente la enésima lección para llevarte donde aún no imaginas, convertirse en ese punto que hoy no significa nada pero que mañana será la clave para unir donde estabas y donde quieres ir.
Y así pasa el tiempo y los tiempos muertos pueden convertirse en aquellos en los que estás más vivo como esa imagen congelada frente al mar, viendo como el destino se mueve, la vida fluye sin parar mientras tú te mantienes estático.
Todo se mantiene relativo, todo variará de manera irremediable pero la esencia se mantendrá. Ese esencia que sólo pocas veces percibes y que realmente te guiará si consigues darte cuenta de algo que es demasiado complicado: conseguir poner de acuerdo en la búsqueda del objetivo a cada persona distinta que eres cada día.
Sé qué he hecho bien, qué hecho mal, dónde pude dar más, dónde me sobrepasé, dónde la venganza me dominó, dónde fui demasiado bueno y dónde debí haber sido menos malo.
Ayer era otra persona y mañana no seré el mismo de hoy. La esencia se mantiene y el cuadro presenta los mismos trazos pero lo que hoy hubiese trazado el pincel puede que mañana no llegue a ser planteado. Puede que donde iba a haber rojo haya blanco o bien no haya nada, un espacio que rellenar el próximo día donde otra persona distinta a mí lo haga.
El tipo del espejo mañana se parecerá al tipo de esta noche pero no será el mismo. Mismo continente, diferente contenido. Pues hoy puedo haber encontrado la felicidad, puedo haber entendido la lección que no entendía o simplemente por fin el dolor ya se ha filtrado lo suficiente para convertirse en una cicatriz que forma parte del tipo de ayer y de la que se reirá el tipo de mañana.
Eso nos atormenta. Es difícil ser una persona distinta cada día sobre todo cuando quieres solucionar un problema causado por otra mentalidad con la sabiduría que hoy te dan los días. Llegas a plantearte cómo lo que hoy es insignificante llegó a convertirse en el centro de tu vida y cómo las dudas del futuro nunca llegaron a materializarse pues pasaron los días y días y mientras planteabas una táctica para enfrentarte a tus pensamientos, llegaba la realidad para cambiar las reglas del juego.
Entonces te das cuenta que todo cambia. Que hoy estamos aquí, que mañana podemos estar allí y que el objetivo perseguido puede ser alcanzado o sólo puede ser simplemente la enésima lección para llevarte donde aún no imaginas, convertirse en ese punto que hoy no significa nada pero que mañana será la clave para unir donde estabas y donde quieres ir.
Y así pasa el tiempo y los tiempos muertos pueden convertirse en aquellos en los que estás más vivo como esa imagen congelada frente al mar, viendo como el destino se mueve, la vida fluye sin parar mientras tú te mantienes estático.
Todo se mantiene relativo, todo variará de manera irremediable pero la esencia se mantendrá. Ese esencia que sólo pocas veces percibes y que realmente te guiará si consigues darte cuenta de algo que es demasiado complicado: conseguir poner de acuerdo en la búsqueda del objetivo a cada persona distinta que eres cada día.
miércoles, 5 de junio de 2013
La Deuda
"El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas"
La esencia del ser humano le impide ser libre. Por mucho que se esfuerce, aquello de lo que más nos vanagloriamos, el cerebro o el amor, nos sujeta a algo. Somos dependientes desde que nacemos porque de por sí le debemos nuestra vida a dos personas y eso, nos guste o no, nos pone unas esposas al nacer. Esposas que, por naturaleza general, las consideramos pulseras de diamantes pues quién no ama a su padre o a su madre, en definitiva, a su propia sangre.
¿Qué seríamos sin esas pulseras? ¿Cómo nos desarrollaríamos si tuviésemos que hacernos nosotros a nosotros mismos? Sin influencias, sin educación, sin tomar las decisiones por lo que pueda pensar éste o aquel...
Somos una sociedad endeudada. Con todo. Tenemos un apego extremo por la familia que nos impide desarrollarnos a la velocidad correcta para convertirnos en nosotros mismo y no en una copia de lo que la sociedad requiere. Endeudadas con nuestro corazón que se ve obligado a amar a una u otra persona y que nos impide tomar decisiones con lo que llaman "sentido común".
Endeudados con unos vicios artificiales creados por personas que son conscientes de nuestra debilidad y la explotan en su beneficio pues qué es sino nuestra adicción a la telefonía, la mensajería instantánea, las redes sociales, la información, los programas del corazón y un largo etc.
La problemática reside cuando la deuda soportada nos vuelve esclavos. Entonces los diamantes se convierten en acero sin que nos demos cuenta y en ese momento, no hay vuelta atrás pues la llave de la libertad decidimos tragarla y olvidarnos de haberlo hecho.
Ellos conocen nuestra debilidad. Y se aprovechan. Es la historia más antigua de todos los tiempos y sin embargo seguimos cayendo en ella. La manzana que no debemos comer pero que nos hace esclavos. Crearán la necesidad como droga que transporta a lo que llaman felicidad. Porque ellos saben que el ser humano siempre caminará buscando la felicidad pues desde que nació necesita deber algo.
Sólo puedo dar un consejo:
"Sólo aquel que no debe nada puede considerarse realmente una persona libre"
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